Esta mañana, al ir a cruzar el semáforo de Passeig de Gràcia, un
taxista que giraba hacia el lateral con el semáforo en ámbar (y, por
tanto, verde para peatones y ciclistas), ha decidido no pararse para
dejarme pasar. El tipo ha pasado despacio, pero con la velocidad
suficiente para no darme oportunidad (ni a mi, ni a cualquier otro
peatón o ciclista que pretendiera cruzar) de pasar sin ser atropellado
por él. Me ha llamado la atención que, encima, se me ha quedado mirando
mientras giraba, con lo que era evidente que era muy consciente de su
comportamiento.
Dado que el tipo me miraba, le he hecho un gesto
dándole a entender que yo estaba ahí y no me había dejado pasar. Pensaba
que, como tantas veces, ahí quedaría la cosa, pero el señor taxista ha
tenido la delicadeza de contestarme con un gesto de negación desde el
interior del coche. Entonces, yo le he señalado el semáforo en verde y,
en ese momento, el taxista ha bajado la ventanilla y, antes de continuar
su camino, me ha dicho, en un tono perfectamente chulesco, que estaba
muy equivocado. Que él a las bicicletas no tiene por qué cederles el
paso al girar en un semáforo.
¡Toma ya! Lo que me faltaba por oir.
Ahora resulta que las señales de tráfico no aplican en caso de que te
encuentres con una bicicleta. Pase que, por inexplicable que sea, los
carriles bici estén llenos de señales de ceda el paso ante la posible
incorporación o salida de coches hacia/desde garajes. Pero ya es lo
último que los profesionales del volante en la ciudad (o, al menos,
alguno de ellos) se piensen que sus obligaciones circulatorias
desaparecen cuando hay una bicicleta de por medio. Al señor taxista le
recomiendo que se lea la normativa de circulación del ayuntamiento de Barcelona y busque bien a ver donde encuentra eso de que "un semáforo ámbar es menos ámbar si están cruzando bicicletas". No tengo ganas de que me atropellen mientras cruzo un semáforo, la verdad.
Es
curioso: últimamente este blog está adquiriendo un tono reivindicativo
que, siendo sincero, jamás tuve en consideración cuando comencé. De
hecho, nunca tuve claro cual iba a ser la dirección que iba a tomar este
invento (ni si duraría lo suficiente para llegar a tener alguna) pero,
bien pensado, es lógico que en un blog sobre ciclismo urbano las
historias del día a día ciclista incluyan episodios de este estilo. Raro
sería que, en 7 meses de uso diario, no se hubiera dado ninguna
situación similar.
En cualquier caso, no me importará que con el
paso del tiempo, se conviertan en meras anécdotas y, en cambio, me
preocuparía lo contrario.