viernes, 14 de diciembre de 2012

16" contra 26"

Ahora que ya hago el trayecto completo tanto de ida como de vuelta en bicicleta, y aprovechando que el otro día tenía que ir a un evento en el centro de convenciones que hay en el Fòrum y allí no puedo llevar la Brompton, decidí llevarme la MTB de mi mujer (que sí puedo dejar atada en la calle sin demasiado temor a que desaparezca) y así comparar experiencias con ambas bicis. Así pues, por la mañana me hice el recorrido tradicional Badalona - Zona Universitària con la MTB y por la tarde me fui con ella hacia el Fòrum.
Como, al fin y al cabo, el recorrido de ida era el mismo de cada día, me sirvió para comparar si el hecho de cambiar la Brompton por una bici de ruedas grandes y muchas más combinaciones de desarrollo supone alguna diferencia evidente en el rendimiento. No buscaba ver si era posible ir más deprisa con una o con otra. Solo saber si, manteniendo el grado de esfuerzo habitual, iba a notar una diferencia significativa en el tiempo de recorrido. Al fin y al cabo, pese a que la sensación es que con la Brompton de 3 marchas se va bastante rápido, parece lógico pensar que ese tamaño de rueda tan minúsculo penalice un poco su rendimiento.
El recorrido a comparar es sencillo: 15 kms en total saliendo desde Badalona (por la costa) hacia el Fòrum y desde allí subiendo por Diagonal hasta Zona Universitària. Con la Brompton tardo habitualmente 1h 10min yendo a un ritmo tranquilo que me permite llegar al trabajo sin sufrir por aparecer bañado en sudor.
Cual sería mi sorpresa al llegar al trabajo, bajarme de la MTB, mirar el reloj y comprobar que había tardado exactamente... 1h 10min. De hecho, algo más. Ya que tuve que perder un par de minutos para dejar la bici correctamente asegurada en el aparcamiento.
Así pues, no hay diferencia entre ir con uno u otro tipo de bici por el hecho de que las ruedas sean mucho más grandes. Es evidente que con la MTB podría ir más rápido si quisiera. La Brompton solo tiene 3 marchas, que dan poco juego si el recorrido es exigente, y en cambio, en la MTB es más fácil adaptar el desarrollo a las necesidades del momento. Pero, en este caso, no buscaba rendimiento. Solo mantener un nivel de esfuerzo razonable durante todo el recorrido y, por lo que parece, en ambos casos acaba traduciéndose en similar velocidad media.
Eso sí, a cada una, sus ventajas: la maniobrabilidad de la Brompton y su sistema de anclaje de la bolsa no tienen rival. La postura de conducción también es algo más relajada en la Brompton. En cambio, los baches y pequeños saltos de bordillos se llevan mucho mejor en la MTB y sus 3 platos y 7 piñones ofrecen una flexibilidad mucho mayor si llega el caso. Aunque lo mejor, en este caso, era el hecho de poder dejar esa bici atada en la calle si era necesario. Y en eso no tiene que ver el tamaño de rueda. Solo el precio.


martes, 11 de diciembre de 2012

Cerrando el círculo

En Septiembre del año pasado comencé a utilizar la Brompton para ir a trabajar. Durante los primeros meses solo hacía el recorrido de vuelta en bici, mientras que el de ida lo hacía íntegramente en metro (salvo los desplazamientos de casa al metro y del metro al trabajo que eran también en bici).
A mediados del mes de febrero pasé a realizar la mitad del trayecto de ida también en metro (desde Passeig de Gràcia a Zona Universitària). Y así había continuado durante todo este tiempo hasta que, hace 3 semanas, me atreví a dar el paso definitivo y hacer el recorrido de ida también completamente en bicicleta.
El primer día la cosa fue un poco a modo de experimento: aprovechando una de esas jornadas de huelga de metro y para evitar las aglomeraciones, me decidí a probarlo y así determinar de una vez si era capaz de llegar al trabajo en unas condiciones aceptables (es decir, llevando un ritmo de marcha suave) y, pese a ello, sin tardar demasiado.
Normalmente el viaje de vuelta lo hago entre 55mins y 1 hora y en mi primer intento para el recorrido de ida tardé una hora y cuarto, aunque dando un par de rodeos en busca de la ruta ideal. Desde entonces continuo realizando el recorrido íntegro en bici cada día y, una vez ajustado el itinerario, tardo sistemáticamente 1h 10min en hacer los 15Kms, lo que me parece bastante razonable.
Así pues, por ahora he dejado completamente abandonado el metro y he comenzado a olvidar qué es eso de comprar una T-10, aunque sea cada 2 semanas. De todas formas, sospecho que en los meses de verano seguramente volveré a combinar ambos tipos de transporte. Aunque nunca se sabe; al fin y al cabo, hace un año ni por asomo sospechaba que iba a acabar haciendo 30kms diarios en bici.

martes, 20 de noviembre de 2012

Luces

Acaba octubre y, como por arte de magia (más bien por el arte de retrasar una hora el reloj), de un día para otro anochece mucho antes de lo que acostumbraba. Sales del trabajo y es prácticamente obligado llevar luz en la bici.
El otoño pasado ya pasé por esta situación y me compré una luz delantera para la Brompton. La trasera no era necesaria. Los chicos de Cap Problema tuvieron la amabilidad de regalarme una, que pusieron en el lugar del catadióptrico trasero que viene de serie, al comprar la bici. A la hora de decidir qué luz delantera instalar, solo tenía clara una cosa: quería que alumbrara bastante y que pudiera recargarse o llevar pilas recargables. No me interesaban esos engendros LED formados por 2 pequeñas luces en una abrazadera de silicona que se coge al manillar, ya que están pensados más para que te vean que para iluminar el camino y generalmente funcionan con pilas de botón y no con recargables.

Acabé comprando un faro Cateye HL-EL520, como el de la imagen. No es especialmente barato (me costó sobre los 40 euros de oferta), pero para ser una luz de pilas, tiene una potencia considerable, (1800 candelas). Es un pelín grande, pero es posible dejarla puesta en el manillar con la bici plegada, aunque normalmente cuando no la uso la llevo en uno de los bolsillos de la S-Bag.
El funcionamiento es bien sencillo: tiene un único botón con el que, mediante pulsaciones sucesivas se enciende en 2 intensidades diferentes y se apaga. Sus únicas pegas:
  • para apagarla hay que mantener el botón de encendido presionado durante varios segundos. No serán más de 5, pero se hacen eternos. 
  • La otra pega es que el compartimento de las pilas es algo estrecho. Está pensado para cuatro pilas AA normales, pero intenté utilizar pilas recargables de 2100 mAH y no cabían. Descubrí que, en esa capacidad, las recargables AA son un poquito más gruesas que las pilas normales y, al ser el espacio tan justo, no caben en el compartimento. No sé si dependerá de la marca de pilas (las que yo llevo son de marca blanca de Alcampo). En cualquier caso, utilizando pilas de 1700mAH o de 1500mAH no hay ningún problema y la luz sigue siendo más que suficiente.
Por lo demás, funciona muy bien: ilumina considerablemente y las pilas duran bastantes horas. 
Sin embargo, este otoño he tenido que comprar una luz para la bici de mi mujer y he cogido una de esas luces mini con 2 LEDs y pila de botón que venden en Decathlon y que el año pasado desestimé alegremente. ¿El motivo? Con la experiencia me he dado cuenta de que en ciudad apenas necesitas que la luz te ilumine el camino. De eso ya se encargan el alumbrado urbano y las luces del resto de vehículos. Yendo por la ciudad la luz sirve para señalizarte más que otra cosa y ese papel lo cumple sobradamente una de estas luces LED. La verdad es que sorprende la intensidad de su luz que incluso ilumina el camino un poco, aunque, al no ser direccionales, lo hace forma poco efectiva. Pero es que, en los 15kms de vuelta a casa cada tarde solo hay un pequeño tramo de unos 50 metros en el que pueda decir que la luz que yo llevo justifica su potencia. En el resto del trayecto me bastaría con una de esas mini-luces.
Si hoy tuviera que volver a comprar una luz delantera, seguramente sería una como la que acabo de comprar para mi mujer o alguna similar que pudiera recargarse por USB, como las Knog. Salvo que pensara dedicarme a hacer recorridos nocturnos por zonas no urbanas, creo que no es necesario mucho más. Y, además, el precio no tiene comparación...

martes, 13 de noviembre de 2012

4.000 Kms

Ya he recorrido 4.000 kilómetros con la Brompton. Esto ya son números de vértigo. Y es que, por mucho que fuera matemáticamente previsible que tardaría poco más de un año en llegar a un kilometraje de esta magnitud, supongo que siempre tuve cierta dosis de desconfianza respecto a mi capacidad para mantener la constancia que la aventura requería.

Por lo demás, la tónica habitual: La bici sigue en perfecto estado y no ha requerido más mantenimiento que el engrasado habitual. Sigue sin haber ruidos ni holguras y tanto los frenos como la cadena todavía aguantan en buenas condiciones. Continuo con mi dejadez crónica a la hora de hinchar los neumáticos (creo que al final me compraré una bomba de pie para no tener excusa e inflar las ruedas en casa)  en los que, ahora ya sí, se aprecia un desgaste muy evidente, sobretodo en el trasero, que ya reclama un cambio. Al delantero aun le quedan algunos kilómetros más. Así que supongo que compraré 2 cubiertas y las cambiaré en algún momento antes de fin de año. Tendré que pensarme si seguir con las Brompton Kevlar o pasar a usar Marathon. La gente habla muy bien de estas últimas, pero la verdad es que las Brompton no han dado mal resultado. No he pinchado ni una sola vez y el agarre es bastante digno incluso en mojado. Veremos a ver...


martes, 23 de octubre de 2012

Peligra la Brompton II

Pese al título del post, no. Definitivamente, no peligra la Brompton. Y, por ahora, tampoco parece que vaya a tener una hermanita (lo cual, visto como está la economía, tampoco es mala cosa). Pero tampoco ha caído en saco roto aquella doble experiencia de ir a trabajar en bicicleta de mi mujer.
Simplemente, aplicando un poco de lógica, ha llegado a la conclusión de que, por práctica que sea, no necesita una plegable. Le bastaba con aprovechar una vieja bici de montaña que teníamos en el trastero y que hacía años que no se utilizaba. Ella puede dejar su bici en un patio interior en su trabajo y su recorrido en metro es de unas pocas paradas, sin transbordos y ya pasada la hora punta. Tampoco planea convertirse en una ciclista hard-core de la noche a la mañana; más bien se trata de una inmersión gradual en el mundo del ciclismo urbano: un par de días en semana que sirven para, poco a poco, ir cogiendo el gusanillo y, de paso, evitar generar expectativas demasiado optimistas que lleven al desengaño.
Así pues, hemos hecho una puesta a punto de la bicicleta y le hemos instalado unas luces de led y un soporte para una bolsa delantera del Decathlon, y la sillita del peque para, de paso, usar la bici para llevar a este a la guardería. Debo decir que no creía demasiado en que esto llegara a buen puerto. Llegué a decirle a mi mujer que estaba seguro de que el primer día volvería decepcionada con la experiencia (no es lo mismo entrar al metro con una plegable que con una bicicleta grande). Sin embargo, para mi sorpresa no fue así y ya son varios los días que ha usado la bicicleta. Parece que la cosa va en serio.

viernes, 12 de octubre de 2012

Las nuevas tarifas del Bicing

Esta semana se han anunciado las nuevas tarifas que el ayuntamiento de Barcelona tiene previsto aplicar durante 2013 al servicio del Bicing.
Lo más llamativo es que el abono "ilimitado" es decir, el único que ha existido hasta ahora, pasa de costar 45€ a 97,5€. Una salvajada de aumento, vamos.
El bicing siempre ha sido un servicio con luces y sombras, pero nadie ha dudado del atractivo de la propuesta y la cantidad de abonados es una buena muestra de ello. Pero, no nos engañemos, el secreto de su éxito era un precio sumamente atractivo. Al iniciarse en 2007, el servicio costaba 24 euros. Era un precio espectacular. Tanto, que la gente no tenía inconveniente en darse de alta  aunque no fuera a utilizarlo demasiado o, más bien, casi nunca. Conforme ha ido subiendo de precio son bastantes las personas que lo han ido dejando porque ya les iba quedando claro que no lo amortizaban. Pero una subida de este calibre lo hace mucho más difícil de rentabilizar. Casi 100 euros al año por un servicio del que no puedes depender como transporte público es mucho dinero. Hay que tener en cuenta que con el Bicing no puedes tener la seguridad de que vayas a encontrar una bici disponible cuando la necesitas y tampoco de que vayas a poder dejarla aparcada donde necesitas. El trayecto está limitado a 30 minutos que, salvo que cometas una infracción tras otra, no permiten hacer recorridos medianamente largos. Por poner un ejemplo, saliendo desde María Cristina, difícilmente será posible llegar más allá de Plaza Tetuán y es completamente inviable alcanzar la Vila Olímpica.
Son ya varias las personas a las que he escuchado comentar que, con ese precio, les sale a cuenta comprarse una bicicleta.
No digo que el hecho de que sea un servicio altamente deficitario no sea algo que haya que solucionar. Pero mucho me temo que con estas tarifas lo único que se va a lograr es una disminución radical del número de abonados y, por tanto, de los ingresos.
El tiempo dirá. Pero esto podría ser el principio del fin del bicing. Al menos, tal y como lo conocemos.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Otro converso

Hace unos meses (allá por el mes de Abril o Mayo) me encontré con un ex-compañero de trabajo al volver a casa. Me había parado en un semáforo y me lo encontré de frente, mirándome (más bien al conjunto amigo-casco-bicicleta plegable)  con expresión divertida.
Después de los protocolarios "qué tal", "cuánto tiempo", "cómo te va", "donde trabajas ahora", mi amigo continuó la conversación con la inevitable pregunta sobre la bicicleta que, al fin y al cabo, era lo que había causado su sonrisa al verme. Habitualmente esta parte de la conversación también tiene unos cuantos tópicos que deben repetirse necesariamente: que si vas a trabajar cada día con ella, que si es mucha distancia, que si no es peligroso, que está muy bien porque así haces ejercicio... Pero en esa ocasión, la conversación fluyó por unos derroteros ligeramente distintos de los habituales. Mi amigo me comentó que hacía unos meses él también se había comprado una bici plegable. Era ideal para guardarla en casa y, al margen del uso lúdico el fin de semana, se había llegado a plantear si no podría usarla también para ir al trabajo. Pero me confesó que, sencillamente, no se atrevía. Le daba la sensación de que era demasiada distancia, no sabía exactamente qué recorrido hacer, ni tenía muy claro si la dureza sería razonable e incluso no estaba seguro de la reacción de la gente. Al verme se le encendió la luz. Rápidamente hizo sus cálculos y llegó a la conclusión de que su recorrido era en gran parte similar al mío, salvo que en sentido inverso. Y que, por lo que veía, la distancia no era tanto problema como parecía en un primer momento. En aquel mismo instante me comentó que pensaba intentarlo.
La conversación terminó y ambos seguimos nuestro camino. La verdad es que se le veía convencido, pero no se trata de alguien a quien vea con frecuencia, por lo que no tenía muy claro si su decisión había sido fruto de un furor repentino y no duraría más allá del siguiente semáforo, o de si llegaría a convertirse en realidad. Así que seguí mi camino y no volví a pensar en ello.

Esta tarde, al volver a casa, en el mismo semáforo de nuestro anterior encuentro, hemos vuelto a cruzarnos. Mientras esperábamos al verde, uno a cada lado de la calzada, ambos nos mirábamos con expresión divertida. Esta vez él también iba en bici.

martes, 18 de septiembre de 2012

Peligra la Brompton

Ayer estuve todo el día en cama con gripe. Coincidió, además, con una huelga del transporte público en Barcelona. Parecía que la bici se iba a quedar en casa descansando. Pero, para mi sorpresa, cinco minutos antes de irse a trabajar, mi mujer se descolgó con el siguiente comentario: "¿Y si mi llevo tu bici?"
Dado mi lamentable estado de salud, pensé que no la había entendido bien. Ella siempre había mostrado una total indiferencia hacia mi bicicleta y lo de ir a trabajar pedaleando, pese a que en más de una ocasión le he sugerido probarlo, nunca le había llamado la atención.
Pero parece ser que la huelga de metro y la incertidumbre sobre lo que tardaría en volver a casa por la tarde, le hicieron interesarse por la Brompton.
Así pues, en 5 minutos le di una clase rápida de plegado y desplegado y se fué, aún con cierto escepticismo sobre el éxito de esta iniciativa, al trabajo en bici (bueno, a la ida metro y bici, a la vuelta solo bici).
Si en ese momento hubiera tenido que apostar, me hubiera jugado una buena cantidad de dinero a que la experiencia iba a ser un fracaso. Que si esto no se puede desplegar, que si pesa, que si sudas... Ya me lo veía venir. Y lo hubiera perdido. Porque, cuando por la tarde llegó a casa, se dirigió a mí con tono sonriente (¡malo!) y, tras preguntarme como me encontraba, me informó de que había venido a casa en bici y que muy bien. Y así, de pasada, soltó que, si mañana todavía iba a estar en casa convaleciente, que se volvería a llevar la Brompton. ¡Toma ya! Y sin huelga de transportes ni nada que usar como excusa.
Así que probé a lanzar un comentario sobre la compra de una bici para ella:
"Tendré que comprarte una Brompton. Una de titanio, que pese menos".
Normalmente, un comentario así hubiera suscitado alguna respuesta del estilo de "Déjate de tonterías" seguido de algún comentario extra sobre precios excesivos finalizado con alguna afirmación rotunda del tipo "Yo no quiero una bici.". Pero, para mi sorpresa, no hubo ni un solo gesto de desprecio o indiferencia. Hasta puso atención cuando le expliqué que las había con 6 marchas y se podía poner un plato más pequeño, para hacer menos esfuerzo al pedalear.
Esta mañana a la hora de salir de casa, ya me ha preguntado incluso por el recorrido óptimo para llegar a su trabajo y hasta se ha llevado la S-Bag (ayer no quiso) para poder cargar cómodamente con todas sus cosas.

Mañana vuelvo a trabajar. Lo que no tengo claro es si llevaré la bici o se la llevará ella. Pero me da que en breve vamos a tener una segunda Brompton en casa.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Un año de bici

Ya hace un año que comenzó mi pequeña aventura como ciclista urbano. Desde entonces, 3.300Kms y un uso diario de la bicicleta con poquísimas excepciones, dan fé del éxito de mi iniciativa.
Al principio, dudaba. Si la bicicleta escogida hubiera sido mi vieja mountain bike o una plegable baratita, como las del decathlon (que fué mi primera opción), la presión hubiera sido mucho menor. Pero la Brompton no es una bicicleta barata, y eso añadía un plus de responsabilidad a mi iniciativa. No es plan de cansarte de ir con la bici a las 3 semanas y dejarla aparcada sin más. Así que, esto tenía que funcionar sí, o sí.
Pero quizá esa presión extra ha sido la motivación que necesitaba para garantizar el éxito de mi cambio de hábito. Poco a poco, la Brompton se ha ido convirtiendo en una compañera inseparable con la que voy a todas partes en mis desplazamientos urbanos. La bici ha añadido un plus de flexibilidad a mis recorridos, ya que me permite ajustarlos para pasar por determinada tienda a comprar algo que necesito sin necesidad de tener que estudiar previamente si por allí pasa algún autobús que me sirva o hay una parada de metro cercana. Las primeras semanas me daba algo de corte entrar con ella en una tienda, pero a día de hoy, es algo perfectamente habitual y me resulta un gran valor añadido.
Por otra parte y, aunque no era esa la idea inicial, también supone cierto ahorro. Si antes gastaba unas 50 tarjetas T-10 al año, ahora gasto exactamente la mitad. Eso significa unos 220 euros anuales menos en transporte. Y que la bicicleta se habrá amortizado en poco más de 4 años. De hecho, contando el ritmo al que sube el precio del transporte público. Probablemente será antes. Y eso por culpa del precio de adquisicion de la Brompton. Porque si nos fijamos en el coste de mantenimiento anual, la cosa es de risa. Mi inversión en mantenimiento durante 1 año se ha reducido a
- 1 lata de crema Proofide para el sillín (creo que costó 11 euros y durará años)
- 1 bote de desengrasante para la cadena. Y que en realidad comparten todas las bicis de casa (14 euros)
El aceite para lubricar la cadena ya lo tenía en casa (también es compartido con las otras bicis), aunque un bote cuesta del orden de 3 euros en Decathlon.
Y aquí se acaba todo. No he cambiado la cadena y sigue sin dar síntomas de fatiga. Seguramente haya que cambiarla sobre los 5.000Kms, pero ya se verá (y el coste de una cadena ronda los 10€). Y tampoco he cambiado aún los neumáticos. No he pinchado ni una sola vez en este tiempo y todavía no acusan un desgaste excesivo. Así pues, si no fuera porque la Brompton tiene un coste de adquisición considerable, utilizar la bicicleta como transporte habitual es considerablemente más barato que usar, no ya el coche o la moto, sino el transporte público en cualquier modalidad. Y, por lo que a mí respecta, mucho más agradable.



lunes, 3 de septiembre de 2012

Vuelta al trabajo

Se acabaron las vacaciones. Esto implica recuperar la Brompton, que ha tenido un merecido mes de descanso. Ha sido la primera vez que la dejo tanto tiempo en el dique seco, por lo que era mi primer reencuentro con la bici y las sensaciones que supone llevarla y realizar el trayecto diario al trabajo, que en este mes de vacaciones habían quedado un tanto olvidadas.
Y, para mi sorpresa, 2 cosas han llamado mi atención nada más subir a la bicicleta:

Por un lado, la fabulosa comodidad del sillín. Son muchos kilómetros ya con él y hace tiempo que me consideraba totalmente adaptado al Brooks, pero al subirme hoy, la sensación de confort ha sido brutal. La comparación con el trozo de metal tapizado que debo llevar por por asiento en la BTT es simplemente odiosa. El Brooks es como un sofá y no me extraña que tenga tanto éxito entre los cicloturistas.

Para compensar tanta satisfacción, también he encontrado un punto de decepción. El mismo que ya noté la primera vez que subí a una Brompton: los frenos. La verdad es que, comparados con los de una bicicleta de montaña, estos son patéticos. Que sí, que paran la bici, que cumplen su función adecuadamente, que esta no es una bici para bajar rampas imposibles ni alcanzar velocidades de vértigo, pero, ni con las manetas nuevas, ni con las viejas, puedes comparar la capacidad de frenada, el tacto y la sensación de seguridad que ofrecen los frenos de cualquier bici de montaña que ronde los 1.000€ (a día de hoy, casi el precio base de una Brompton) con "eso" que lleva la Brompton.

En cualquier caso, al cabo de unos minutos circulando ya me había olvidado de estos detalles (sobretodo de los frenos, ya que del sillín seguía admirado)  y volvía a disfrutar del recorrido como cualquier otro día. Volvemos a la rutina.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Bici nueva

No, no me cambio la Brompton. La verdad es que no me veo abandonando esa bicicleta salvo que cambiaran radicalmente las condiciones de mi transporte diario y, así y todo, estaría difícil.
Lo que sí hago es cambiar mi BTT. Hasta ahora tenía una bicicleta sencilla, una Rockrider 5.2 de Decathlon, (con algunas mejoras, como los frenos de disco hidráulicos) que no me ha dado más que satisfacciones. Durante cuatro años la he usado para hacer rutas por la montaña (básicamente en los meses de verano) que han ido subiendo en dificultad y frecuencia hasta llegar este año a un punto en que lo exigente de los recorridos y el aumento del kilometraje anual (espoleado por los recorridos urbanos, que no han hecho más que intensificar las ganas de salir en bici), pedían a gritos mejorar la bicicleta. Como digo, la Brompton tiene gran parte de culpa de este cambio. Salir con la bici cada día no ha hecho sino acrecentar mi interés por utilizarla también los fines de semana. Aunque, en este caso, con un objetivo mucho más lúdico y por unos terrenos en que una Brompton, no nos engañemos, no tendría mucho que hacer.

Así pues, había llegado el momento de ir a una bici algo más sofisticada y ligera, que me permita enfrentarme a las subidas kilómetricas del Pirineo con un material más adecuado del que utilizaba hasta ahora. La elegida, finalmente, ha sido la Radon ZR Race 7.0. Igual que la de la foto.


Estoy tan emocionado como cuando compré la Brompton. Por eso, aunque no tiene mucho que ver con el ciclismo urbano (esta bici va a pisar muy poco el asfalto, y menos el de BCN), he querido compartirlo aquí. Comparado con la bicicleta anterior, es un cacharro imponente: transmisión y frenos XT, horquilla SID, 11kgs clavados... y espero sacarle un rendimiento similar al de la Brompton. Ganas no me faltan.

miércoles, 25 de julio de 2012

La desventaja de ir en Brompton

Hoy he prescindido de la Brompton. No es algo habitual. Cuando comencé a utilizarla pensaba a menudo en que, si los días sin bici (por las circunstancias que sean) eran bastante frecuentes, esto podría minar considerablemente mi confianza en el nuevo medio de transporte. Sin embargo, no ha sido así. Salvo pocas excepciones, apenas he fallado en mi cita diaria con la Brompton. Poco a poco he ido descubriendo que puedo llevarla a casi cualquier sitio y apenas debo renunciar a ella. Pero hoy se ha dado una de esas ocasiones.
Tenía que pasar toda la mañana en la sede de Telefónica en Barcelona. Y ya sabía que a ese edificio (esa torre de color blanco junto al Fòrum) no dejan entrar con la bici plegable. Tenía 2 opciones: presentarme allí con mi bici y discutir con el señor de seguridad y quien hiciera falta hasta conseguir mi objetivo (o no) y empezar la mañana ya con mal pie o renunciar a llevar la bicicleta. Vaya por delante que, esté o no de acuerdo con este tema, no es objetivo de este post criminalizar a Telefónica por ello. Al fin y al cabo, no se trata de un edificio público, sino de la sede de una empresa; y su política de acceso, que conocía de antemano, queda a su criterio. Me guste a mí, o no (que es que no).
Además, seguramente como argumento inapelable me hubieran indicado que el edificio dispone de un aparcamiento para bicicletas (que, por lo que he visto, se utiliza considerablemente) a pocos metros de una de las puertas.
Pero el problema de tener una Brompton es precisamente ese: no puedes (no debes) utilizar los aparcamientos para bicicletas. Con una Brompton, al menos en Barcelona, dejar la bici atada en la calle no es una opción. Se trata de una bici de precio considerable que, en condiciones normales, tiene grandes posibilidades de desaparecer si la dejas en la calle. Si, como es muy habitual, dispone de algún extra en forma de sillín Brooks o cualquier otra pijada, todavía más. Es decir, una de las grandes ventajas de esta bici es la facilidad para entrar con ella a cualquier sitio y evitar así que te la roben. Pero, por otra parte, si no vas a poder entrar con ella, casi mejor ni plantearse llevarla.
Y no es cuestión de tipo de bici (plegable o no), sino de precio. Tampoco me llevaría para dejar atada en la calle una bicicleta con cuadro de carbono de 2 o 3.000 euros.
Así pues, hoy la Brompton se ha quedado en casa pese a que, en realidad la bici, era el medio de transporte óptimo para ir y volver hasta allí. Lo que ha marcado la diferencia (y me confirma mi total conversión en ciclista urbano convencido) es que no he renunciado a ir en bicicleta. Descartada la Brompton, he rescatado la vieja BTT que todavía uso de vez en cuando y, cargando con el peso adicional de las correspondientes cadenas antirrobo, me he plantado en el Fórum y la he dejado tranquilamente (al fin y al cabo, el antirrobo seguramente cuesta más que la bici) atada en el aparcamiento. Ante una situación similar estoy seguro de que hace un año, ni me lo habría planteado. Vamos avanzando.

Eso sí, mañana vuelvo a la Brompton :-)

viernes, 20 de julio de 2012

Bicis en Zagreb

Esta semana he tenido que ir a Zagreb por motivos de trabajo. Mi estancia ha sido breve (brevísima, ya que no ha llegado ni a las 24h) y, aunque apenas me ha dado la oportunidad de hacerme una idea de la fisonomía de la ciudad, sí que me ha permitido comprobar que es un lugar en el que la bicicleta es un medio de transporte con una gran aceptación. Tiene lógica. Por lo poco que pude pasear por sus calles, la mayor parte es completamente llana. No parece haber demasiados desniveles importantes, y la ciudad tampoco es demasiado grande, por lo que es ideal para trasladarse en bicicleta.
Además, hay mucho carril-bici. Todos los que estaban pintados encima de las aceras, con algunos tramos marcados en color rojo. Abundaban los de sentido único y, al menos visualmente, parecían  algo estrechos.
No hay (o yo no he visto) ningún sistema público de alquiler de bicicletas, al estilo del Bicing. La gente va por la calle con su propia bici, sobretodo BTTs y algunas otras bicicletas más urbana, aunque siempre de rueda grande. Tampoco he visto ni una sola Brompton u otro tipo de  plegables. Pero lo que más llamó mi atención fue ver que la bicicleta parece estar muy integrada en su estilo de vida. La gente incluso la usa para ir de copas por la noche y la deja aparcada en cualquier sitio sin demasiado temor (o esa fue la sensación) a que desaparezca.
Me quedé estupefacto al ver que, una calle perfectamente céntrica, a las 11 de la noche, llena de terrazas atestadas de gente, estaba igualmente ocupada por sus bicicletas. Y que, en su mayoría, estas se encontraban apoyadas contra las paredes de las casas o se mantenían simplemente en pié con su propia pata de cabra. ¡Sin atar! Sin quitar el sillín o cualquier otra medida de seguridad tan habitual por aquí cuando debes dejar tu bici en la calle. Cuando me di cuenta del detalle, poco menos que alucinaba. La gente no tenía la bicicleta junto a su silla o mesa (hubiera sido imposible, vista la densidad de mesas en las terrazas), sino que estaban a unos metros de distancia, dejando un amplio pasillo entre ellas y la gente que estaba sentada. No me imagino a un ciclista barcelonés yendo a tomar unas cervezas con su bicicleta a una terracita en los alrededores de plaça Catalunya dejando su bicicleta apoyada en la pared a 3 o 4 metros de distancia del lugar donde va a sentarse. Aquí, dejas la bici así y desaparece antes de que hayas tenido tiempo de llegar a sentarte.

Vaya por delante que no tengo ni idea de si Zagreb es un lugar con poca o mucha tradición ciclista, de si existe más o menos clima de  conflicto peatones/ciclistas o ciclistas/vehículos de motor como ocurre por aquí, de si ellos consideran que tienen poco o mucho carril bici, de si el que hay es de reciente aparición o si las bicicletas son caras o baratas. Seguro que también tendrán sus problemas. No pretendo hacer ningún tipo de apología de su estilo de uso de la bicicleta porque, sencillamente, mi única experiencia es la de unas horas en esa ciudad, que es tanto como decir nada. Pero, sea como sea su día a día, la visión de bicicletas aparcadas sin atar en una zona céntrica y el hecho mismo de comprobar que una parte significativa de la gente utiliza la bicicleta incluso para salir a tomar algo por la noche, me parece, al menos, digno de mención.

martes, 17 de julio de 2012

Ese calor...

Cada vez que alguien entabla conversación conmigo sobre esta costumbre tan peculiar de usar la bicicleta para ir al trabajo, hay algunos argumentos (excusas, casi mejor) tópicos que surgen de forma habitual. Entre ellos, el del excesivo calor en verano es todo un clásico. De hecho, debo admitir que yo también lo utilicé como excusa, en parte, a la hora de plantearme seriamente esta pequeña aventura. No hay que olvidar que estamos en Barcelona, y aquí en verano hace mucho calor. Y, gracias a la humedad, difícilmente soportable.
Yo resolví el problema con mi decisión de utilizar la bicicleta solo para el trayecto de vuelta a casa (la ida la hacía en metro). En este caso, el calor y, sobretodo su consecuencia: el sudor, pierden relevancia, ya que uno siempre puede ducharse al llegar. De todas formas, dado que empecé la aventura de la Brompton a mediados de septiembre, todavía no había cubierto un ciclo climático completo con la bicicleta y me faltaba comprobar si, realmente, el calor era tan insoportable como la gente sospecha.
Ahora que ya estamos a mediados de Julio creo que puedo sacar algunas conclusiones al respecto. Primero, es cierto que hace calor, y mucho. Así que, la hora del trayecto influye bastante en cómo te afectará. Ahora también hago una parte importante del trayecto de ida en bicicleta, por lo que he adelantado mi rutina y llego a trabajar antes. No es lo mismo circular por Barcelona en Julio a las 7:30AM que a las 8:30 o las 9:00. Esa hora de menos se nota y, combinada con un ritmo de pedaleo adecuado, sirve para evitar que rompas a sudar (sobretodo si hay algún tramo en subida que requiera de algo de esfuerzo).
Aún así, en mi experiencia, el problema más grande no es la hora del día, sino el tipo de desplazamiento. De vuelta a casa por la tarde yo hago un trayecto largo (para ser urbano), de unos 15Kms. Durante los 2 primeros tercios del mismo, apenas sudo ni paso excesivo calor. Incluso diría que hasta paso bastante menos calor que si fuera caminando tranquilamente por la calle a esa misma hora. La verdad es que, como en la moto, en la bici se percibe mucho más cualquier atisbo de brisa y eso ayuda a refrigerar. La cosa empieza a ponerse seria en el momento en que llego al Fòrum. Allí el camino se ensancha, desaparece el cobijo de edificios y árboles y, sobretodo, la frecuencia de cruces y semáforos es mucho menor, demandando un esfuerzo continuo durante mayor tiempo. Es ahí donde se pasa calor en la bici.
Es decir, que en la mayor parte de desplazamientos urbanos, (aquellos que transcurren por el centro de la ciudad, sin la presencia de pendientes exigentes) cruces y semáforos combinados con las sombras que puedan surgir de edificios y árboles son los que garantizan que ir en bicicleta es perfectamente asumible en estas fechas.
Por supuesto, no todos los trayectos son iguales (la prueba es el que yo hago) y los habrá que, por sus características, demanden un esfuerzo muy importante con calor o sin él. Pero, en general, no parece que el calor de Barcelona deba ser una barrera a la hora de decidirse a coger la bici como transporte urbano en verano. Así pues, a pedalear.


viernes, 6 de julio de 2012

3.000 Kms y sin novedad


3000 kms
Hoy el cuenta kilómetros ha llegado a los 3.000. No está nada mal. Han llegado antes de lo que inicialmente había pensado. Cuando empecé con la bici esperaba tardar un año o quizá más. Al final la cosa ha quedado en poco menos de 10 meses.
Respecto a la Brompton, sigue funcionando como la seda. Frenos y cadena siguen en perfecto estado. Cada vez tengo más claro que el desgaste de la cadena es mucho mayor si utilizas una bicicleta con varios piñones. Al llevar solo el cambio interno, la cadena queda sometida a menos tensión y parece que se alarga su vida útil. Ahora ya comienza a acercarse al valor de referencia de estiramiento, pero creo todavía podrá hacer 500 kms (si no alguno más) con facilidad antes de llegar a él.
Las cubiertas también comienzan a acusar desgaste, pero es muy uniforme y todavía están en buen estado. No tengo ni idea de cual debe ser la duración habitual de este tipo de neumáticos y hace ya mucho que han sobrepasado mis expectativas si comparo con mi experiencia en la BTT (es que la Larsen TT se gasta casi con mirarla). Al ritmo que llevan, creo que me plantearé el cambio sobre los 4.000Kms, pero habrá que verlo llegado el momento.
Sigo sin pinchar y, eso sí, de vez en cuando hay que repasar la presión. No soy demasiado cuidadoso en este tema. Me guío por las sensaciones. Cuando noto que la bici comienza a rodar de forma algo más pesada, me paso por una gasolinera e hincho los neumáticos. Pese a todas las referencias, me cuesta bastante aceptar que deben inflarse a esa enormidad de presión y siempre lo hago con bastante reticencia y esperando no reventarlos durante el proceso. Pero la verdad es que aguantan y, en cuanto sales con ellos recién hinchados, se nota muchísimo en el comportamiento de la bici.
Del resto del conjunto, ninguna queja. Las usuales sesiones de engrasado de la cadena y muy poco más. Ni desgastes, ni crujidos o ruidos inesperados, ni nada de nada. La verdad es que tanta perfección es hasta aburrida.
Y, ahora, a ver cuando llegan los 4.000.

martes, 19 de junio de 2012

Cambio de puños y manetas

Llevaba ya algún tiempo pensando en cambiar los puños del manillar. Desde que, al poco de tener la bici, la espuma del puño izquierdo (el que toca al suelo al plegarla) sufrió un pequeño pellizco, su proceso de desintegración ha continuado inexorable durante todos estos meses. Así que hace unas semanas me decidí a comprar unos puños nuevos. Y, ya puestos, qué mejor que unos Brooks, en color marrón a juego con el sillín :-)

Brooks hace 2 modelos de puños: los Plump (el modelo habitual que la gente suele poner en las Brompton, compuesto por anillas de piel que pueden añadirse o eliminarse a voluntad para ajustar su longitud) y los Slender, formados por un cilindro de aluminio sobre el que se envuelve cinta de cuero al estilo de los manillares de ciclista. Estos últimos tienen una estética mucho más estilizada pero, a diferencia de lo que ocurre con el modelo Plump, no son de longitud regulable. Miden unos 13,5cms y eso los hace excesivamente largos para una Brompton con el manillar tipo M si no quieres modificar en exceso la disposición del resto de elementos (manetas de freno, cambio y timbre) de este. Una opción era cortar los puños y adaptar su longitud al ancho exacto disponible en el manillar. La operación es factible, tal y como se describe en este blog. Pero el resultado no acababa de convencerme. Aunque no se nota en ningún caso el apaño, hace algún tiempo vi una Brompton con esta solución y me parece que quedan excesivamente pequeños.

La otra opción es cambiar las manetas de freno originales de Brompton por unas que tengan la base más estrecha (prácticamente cualquier  modelo del mercado) y así ganar algo de espacio adicional en el manillar que me permita poner los puños sin tener que cortarlos.
Aunque la potencia de frenado de la Brompton es suficiente para todas las situaciones que me encuentro en el día a día, siempre me ha parecido que los frenos son el componente de la Brompton en el que se nota una mayor diferencia (a peor) respecto de lo que yo estaba acostumbrado a utilizar (frenos de disco hidráulicos) en mi BTT. Si bien la potencia de frenado es bastante correcta, el tacto de las manetas originales nunca me ha gustado demasiado. Por lo que esta ha sido la excusa perfecta para cambiarlas por unas algo mejores.
Así pues, el otro día cambié las manetas de serie por unas Shimano BL-R550 negras (inicialmente especulé con poner unas Paul Cantilever, pero su precio desmesurado me ha hecho pensármelo mejor) y los puños de espuma originales por unos Brooks Slender marrones.
El cambio de los puños no tiene ningún secreto. Lo único a tener en cuenta es que los puños de espuma están encolados al manillar, por lo que la forma más limpia (y eficaz) para sacarlos es utilizar una jeringuilla e introducir un poco de alcohol entre el puño y la barra del manillar que nos ayude a diluir el pegamento.
Después de limpiar el tubo del manillar de los restos de pegamento, lo siguiente es desmontar las manetas de freno originales. Esto es algo más complicado, ya que no es posible desmontar las manetas originales sin antes sacar también los cables de los frenos. El proceso no es difícil, aunque si tienes una buena explicación a mano, mucho mejor. Y para eso, nada como el vídeo que se curraron los amigos de esmibici.com y que, con su permiso, os adjunto. (¡Gracias, Emic!) Además, las manetas de freno son exactamente las mismas que en el vídeo.




Una vez hemos terminado de montar las manetas todavía faltaría un poco de espacio en el manillar para poder encajar completamente los puños. De nuevo tenemos la opción de cortar el tubo de aluminio de los puños (ahora el recorte ya no sería excesivo), pero el espacio que falta no es demasiado y basta con desplazar un poco al interior (un centímetro, aproximadamente) el mando del cambio y el timbre para ganar el espacio extra necesario y poder encajar todo el conjunto sin que afecte demasiado a la facilidad de uso de los mandos; sobretodo del cambio.
Para colocar los puños Brooks no hay que pegarlos; basta con deslizarlos en el manillar y, una vez en la posición correcta, apretar unos tornillos muy pequeñitos que llevan en los extremos. Por cierto, no hay que sufrir por disponer del destornillador adecuado. La gente de Brooks es muy detallista y en el paquete con los puños viene una punta de destornillador de la medida necesaria.

Y, terminada la obra, aquí puede verse el resultado final:


El cambio estético es espectacular. Los nuevos puños no pasan desapercibidos y, en cuanto a comodidad, no he notado ningún cambio respecto a los que llevaba (que en ese aspecto ya me parecían bien). Está claro que no son tan cómodos como unos Ergon, pero tampoco creo que necesite puños anatómicos para recorridos urbanos. Como ya me habían comentado previamente, los frenos no han cambiado demasiado. La bici frena correctamente; igual que antes, vamos. Pero sí que es cierto que el tacto de las manetas Shimano es bastante mejor que el de las originales Brompton. Se notan más robustas y precisas. Aunque debo admitir que, si no fuera por el cambio de los puños, seguramente habría dejado las manetas de serie por bastante tiempo.

En cualquier caso, ahí quedan los cambios.

lunes, 18 de junio de 2012

Off - Topic

Aunque este es un blog dedicado a mis vivencias como ciclista urbano, desde el primer día especulé con la posibilidad de incorporar algunas entradas sobre rutas interesantes de BTT de las que hago los fines de semana que tengo oportunidad. Finalmente decidí que no acababa de gustarme la idea de juntar ambos mundos y las rutas dignas de mención residen en wikiloc por si fueran de interés para alguien.
Sin embargo, hoy me permito variar el criterio para hacer una mini-reseña de la última salida BTT que he realizado. El motivo es simple: esta ruta supone un punto de inflexión en la dureza de los recorridos que hemos venido efectuando con la bici de montaña por la zona del Ripollés.
La idea inicial el sábado al salir de Ribes de Freser era subir a Fontalba y, desde ahí, armados con un mapa y el GPS, intentar llegar al Collet de les Barraques. La verdad es que todavía me pregunto cómo lo hubiéramos logrado, ya que no tengo claro que el GR11 sea muy ciclable en el tramo desde Fontalba hasta la Font de l'home mort y no parece haber muchos caminos alternativos. Pero ahí residía parte de la gracia de la salida.
Debido en parte a estas dudas y a la cantidad de coches que nos encontramos en la carretera hacia Queralbs, en un alarde de valentía decidimos abandonar la carretera e incorporarnos a la pista que sube hasta la Font de l'home Mort a través del veïnat de Vilamanya.






Este tramo lo conocíamos ya que alguna vez lo habíamos hecho en bajada. Y de ahí nuestras reticencias. Si bajando el desnivel da miedo, subiendo es bestial. Los 3,5Kms iniciales de esta subida (sobretodo los 2 primeros, hasta llegar a Vilamanya) consitituyen la ascensión más cafre que yo haya visto en mi vida. El desnivel medio de la subida supera el 10% y hay diversas rampas con desniveles del 20%. El Angliru del Ripollés, vamos. Sinceramente, hasta el día de marras no nos habíamos visto capaces de completar esa subida, pero la fe y el plato pequeño nos llevaron arriba. Después de la inyección de moral que nos dió el inicio de etapa, llegar a la font de l'home mort (1.810mts) con desniveles medios ya sobre el 7% nos pareció casi hasta sencillo. De ahí seguimos una antigua variante del GR11 que, a base de empujar la bici durante un kilómetro, nos dejó ya en unos prados sobre los 1900 metros de altitud y por una pista llegamos al Collet de les Barraques para bajar luego desde allí por carretera hasta la Font Freda y, desde allí, de nuevo por pista de tierra, hasta Vilamanya y recorrer de nuevo la subida de la muerte, solo que esta vez en bajada.

Poco a poco, las salidas con la BTT se han ido haciendo bastante más duras y, este es un ejemplo. Sin embargo, cada vez se aguantan mejor, aunque la frecuencia de las mismas no es mucho mayor que en años anteriores, donde desafíos como este no parecían posibles  (quizá también faltaba algo de atrevimiento). En cualquier caso, estoy seguro de que uno de los factores que contribuye a este pequeño éxito personal es el fondo que poco a poco voy ganando con los 20Kms diarios de bici urbana.
Y es que, uno de los comentarios habituales que genera la bicicleta entre vecinos, conocidos, etc. es el socorrido "...y, además, haces deporte". Nunca me he tomado ese comentario muy en serio, ni tampoco era mi objetivo al pasarme a la bici como transporte habitual. Dejémoslo en que haces algo de ejercicio. Ir o volver del trabajo a casa por recorrido urbano no es (al menos en mi caso) una actividad que genere un gran gasto calórico ni requiera de un importante esfuerzo continuado. Dudo que se queme ni un gramo de grasa atravesando Barcelona por la Diagonal en bicicleta a un ritmo normal. Así que es evidente que esos 20Kms diarios no van a convertir a nadie en un superatleta; ni siquiera creo que por sí solos vayan a hacer que alguien (salvo que tenga un sobrepeso muy evidente o su nivel de ejercicio físico anterior fuera nulo) adelgace un montón de kgs.
Pero lo que sí he comprobado es que la constancia durante todos estos meses (y espero que durante los futuros) se ha acabado notando en la facilidad con la que ahora me enfrento a los tramos urbanos en subida o en mi capacidad para aguantar (sufrir, más bien) en retos de mucho mayor calado el fin de semana. Así pues, parece que al final, algo queda.


jueves, 14 de junio de 2012

Verdaderos clásicos

Desde que soy ciclista urbano no he podido menos que empezar a fijarme con algo más de detalle en el resto de bicicletas con las que me cruzo en mis desplazamientos diarios.
Por supuesto, la variedad de marcas y modelos que recorren las calles de Barcelona es amplísima, aunque siempre con el rojo y blanco del bicing como claro dominador. Sin embargo, sí que hay algunos modelos de bicicleta que se ven con mayor frecuencia que otros. Y uno de esos grupos es el que más llama mi atención. No son ni mucho menos las más frecuentes, pero sí lo suficiente como para que me haya fijado en que se ven muchas más de las que yo jamás habría pensado: las BH de paseo.

Se trata de bicicletas con una antigüedad importante (a mí me compraron una con una medida de rueda algo más pequeña en el año 1975 y que cambié por una Bicicross BH en 1984) que dominaron la escena ciclista en este país durante los años 70 y 80. Luego ya llegaron otros modelos como la Bicicross, la California y demás bicicletas tipo BMX y, después, la revolución de las BTT. Pero, hasta entonces, yo creo que casi cualquier niño o adolescente que iba en bicicleta, lo hacía en una de estas o un modelo similar de otra marca.
Hoy en día tienen un aspecto un tanto peculiar, alejadas de las medidas habituales de las bicicletas modernas (el modelo típico llevaba ruedas de 20" y el que yo tenia diría que eran de 16",  semejante a mi Brompton), aunque, en realidad, con unas dimensiones y diseño similares a las de muchas bicicletas plegables actuales. De hecho, algunas de estas también lo eran (la mía), aunque, por lo que recuerdo, no estaban pensadas para llevar a cabo esa operación con demasiada frecuencia.
Lo que me sorprende es la cantidad de ellas que aún existen y, sobretodo, lo bien conservadas que suelen estar las que me encuentro. ¿Donde habrán estado guardadas?
Cuando veo una por la calle me asalta cierta nostalgia y, sobretodo, una considerable admiración por la persona que la lleva por haberla conservado todo este tiempo y por seguir utilizándola pese a no ser tan eficaz y sofisticada como las bicicletas actuales y es que, la mayor parte de las veces, la gente a la que veo con bicis de estas da la sensación de que va o viene del trabajo y utiliza esa bicicleta como su medio de transporte habitual. Llevar una bicicleta que puede tener sus buenos 25 o 30 años y se conserva perfectamente funcional creo que representa en buena parte el paradigma del espíritu ciclista. No es necesario disponer de la bici más moderna o fashion para desplazarse de forma habitual. Y menos en una ciudad como Barcelona, donde una bici atada en la calle puede desaparecer con una rapidez inaudita. Aunque, eso sí, creo que me disgustaría bastante más que me robaran una de estas por vieja que sea, que muchas otras bicicletas más modernas. Lo que decía: Nostalgia.

martes, 12 de junio de 2012

Fuera de las aceras


Hace un par de semanas el ayuntamiento de Barcelona manifestó con rotundidad su intención de prohibir la circulación de bicicletas por las aceras (aceras que no disponen de carril bici, se entiende) antes de final de año. Durante estos días he podido leer en diversos medios reacciones de todos los tipos. Desde el clásico "ya era hora" hasta la indignación absoluta de muchos ciclistas, pasando por todos los grados posibles.
A mí no me parece una decisión acertada. Al menos, no tal y como se ha tomado. Aún así, debo admitir que inicialmente no pensé escribir sobre ello. Bastante se ha escrito ya. Sin embargo, 2 detalles en estos últimos días me han hecho decidirme a riesgo de repetir argumentos ya conocidos:

El primero, el nuevo carril bici de la Calle Sicilia. Llevo un par de semanas pasando por ahí (más o menos su inauguración coincidió con el anuncio del alcalde) y mi indignación ha ido en aumento desde el primer día. Hago un tramo muy corto, siempre de bajada, entre Diagonal y Consell de Cent o, todo lo más, hasta Gran Vía.  Esta tarde, un conductor de autocar que giraba en la calle Aragó me ha mirado asombrado y me preguntaba qué hacía yo bajando por ahi si esa calle es de subida. El hombre no acababa de entender cómo era eso posible, aunque ha visto por mi determinación y mi explicación gestual que yo hacía lo correcto.
Después de pasar al autocar, he encontrado un coche estacionado en el carril bici. Hasta la fecha, la imagen más frecuente de ese carril es la que se ve en la foto adjunta y contiene uno varios coches aparcados en él (por ahora el record está en cuatro vehículos en solo 2 manzanas).
Desde el primer día, ese carril bici me ha parecido un error. Tiene una anchura (estrechez, mejor decir) que apenas permite que 1 bicicleta pueda circular dentro del mismo. Es de doble sentido en una calle que es solo de subida, cosa que no se espera ninguno de los vehículos que sube; los semáforos del carril bici quedan ocultos tras los árboles, con lo que no sabes hasta que no llegas justo a la intersección si el semáforo está rojo o verde;  y adolece de la misma problemática con los giros (tanto los que quiera hacer el ciclista, como los de los vehículos que giran hacia el lado en que está el carril bici) que el resto de carriles bici en el Eixample.

El segundo detalle se produjo el otro día hablando con un compañero de trabajo sobre las bicicletas. Hubo un momento de la conversación en que me mostró su total y sincera sorpresa ya que, según dijo, en ese instante se enteró de que los peatones tienen prohibido caminar por el carril bici aunque este se encuentre en una acera (por supuesto, sí pueden cruzarlo). "Quan el carril bici estigui situat en vorera, els vianants el podran creuar, però no hi podran romandre ni caminar-hi." 
Mi compañero se quedó estupefacto. Me decía que él siempre había pensado que esas líneas ahí pintadas eran una mera indicación de por donde deben circular las bicis, pero que jamás había llegado a pensar que supusieran algún tipo de obligación para él como peatón. Y, de hecho, ahora que lo pienso, no recuerdo ninguna señal específica que indique a los peatones que no deben circular por ellos.

A mi entender, estas dos situaciones ponen de manifiesto una parte muy importante de la problemática de la bici en Barcelona, que no se resuelve simplemente con asumir que la convivencia entre peatones y ciclistas se reduce a prohibir las bicis por las aceras. La formación y la información son básicas. El peatón que se siente molesto por una bicicleta que va por la acera es posible que siga sintiéndose igual aunque ese ciclista vaya por un carril bici si ese carril no está bien diseñado o si él mismo (y el ciclista) no es consciente de cuales son las obligaciones y derechos de cada cual en ese ámbito. Y lo mismo ocurre en la calzada. Igual que hay conductores que todavía no son conscientes de que las bicicletas pueden circular por el centro del carril, difícilmente van a asumir rápidamente que ahora pueden encontrarse bicicletas en contradirección en una calle de sentido único si no se hace un esfuerzo importante para explicárselo.
Es decir, lo importante no es solo determinar por donde deben circular unos y otros. Lo que hay que hacer es garantizar el respeto del espacio asignado a cada uno informando a todos adecuadamente de sus derechos y obligaciones y, por supuesto, trabajar para que todos ellos dispongan de un espacio en condiciones. Ninguneando a una de las partes solo consigues dos cosas: generar indignación y poner en peligro a ese colectivo que, al fin y al cabo, no deja de formar parte también de los otros dos. No hay que olvidar que conductores y ciclistas somos también peatones. Y todos, por encima de esto, somos ciudadanos.

jueves, 17 de mayo de 2012

Miradas furtivas

Pasan unos minutos de las 8 de la mañana. O quizá aún falten algunos. Depende del día y de cómo ha ido la batalla con el despertador. Voy sentado en el vagón de metro concentrado en la lectura. Alzo la vista un momento para comprobar en qué estación nos encontramos. Y es entonces cuando me doy cuenta de que otro pasajero me observa con disimulo pero con una mezcla entre curiosidad y admiración. La escena se repite con frecuencia prácticamente diaria desde hace unos meses. Pero, no nos engañemos. La primera vez ya me di cuenta de que no era yo el observado. La miran a ella. La bici plegada junto a mi asiento es el imán que atrae las miradas furtivas.
Y, en el momento en que me levanto para salir del vagón y comienzo a arrastrarla cual trolley, el efecto imán se acentúa e incluso llega a provocar que completos desconocidos se lancen a hacerme algún comentario sobre lo práctica que parece esa bicicleta. Pero el clímax de la atención se genera con el ritual del plegado y desplegado. Ahí sí que, más de una vez, he pillado a algún transeunte completamente boquiabierto ante el resultado de la hipnótica y brevísima (nunca lo he medido, pero no creo que llegue siquiera a los 30 segundos de duración) coreografía que se repite cada vez que entro o salgo del metro, de casa, del trabajo o de alguna tienda.

Como un ejemplo más, esta tarde, justo al llegar al portal de casa, una familia que venía detrás de mí se ha detenido para que el niño pequeño (que, según parece, ya venía interrogando a su madre sobre esa bicicleta tan peculiar) pudiera ver en directo cómo era eso de plegar una bicicleta. Ni que decir tiene que el chavalín ha flipado.

Y, es que, no es para menos. La Brompton plegada es un auténtico milagro de la ingeniería y basta con compararla con cualquier otra bici plegable para entender por qué causa tanta admiración.

Hace ya algunos días, en el vagón de metro, frente a mí, había otra plegable: una Monty (desconozco el modelo).  Ese día fui yo el que se convirtió en mirón asombrado por la gran diferencia existente entre uno y otro tipo de plegado. De hecho, no pude resistirme y, no sin cierto disimulo, hice la foto que aquí se ve para ilustrar la diferencia entre uno y otro tipo de bicicleta.

Vaya por delante que desconozco si esa marca dispone de bicicletas con otros tipos de plegado, y que seguramente esa bici tenga otras virtudes (por ejemplo, el precio) que la hagan preferible a la Brompton en determinadas circunstancias. Pero, más allá de consideraciones más o menos pijeras sobre estética, marcas o precios, me llamaron la atención 2 cosas:
- La primera, el aspecto caótico del conjunto plegado. La verdad es que, mirando la foto con posterioridad, creo que en parte se debe a que no está plegada del todo (apostaría a que puede bajarse el sillín y entonces apoyaría en el suelo la tija, aunque quizá no sea fácil o práctico y por eso lo dejan así). Pero, así y todo sobresalen cables, pedales e incluso una de las ruedas parece que tiene cierta capacidad de giro. En resumen, no da la sensación compacta que produce una Brompton.
- La segunda: no parece fácil de transportar así. De hecho, mi impresión se confirmó al comprobar como la chica cargaba con ella para salir del vagón y luego se veía obligada a desplegarla para transportarla  por el interior de la estación y llegar a las escaleras. Nada que ver con la facilidad para mover una brompton plegada.
Definitivamente, si alguna vez había dudado de si la Brompton era la opción más adecuada para un uso combinado con el transporte público, al ver a aquella chica salir del vagón cargando con su bici, lo tuve clarísimo. No quiero otra.

jueves, 10 de mayo de 2012

European Cycling Challenge by endomondo


Durante este mes de mayo, los usuarios de Endomondo (un software "social" de tracking GPS para hacer el seguimiento de tus actividades deportivas) tienen un reto propuesto por diversas ciudades europeas: la Europan Cycling Challenge. Se trata de una competición por equipos de diversas ciudades, entre las que se incluye Barcelona, en la que los usuarios que quieran pueden ir registrando sus recorridos habituales en bicicleta por ellas durante todo este mes. Eso sí, solo cuentan los recorridos del tipo que en endomondo llaman "Cycling Transport". Es decir, no sirven salidas en Mountain Bike o salidas kilométricas para entrenar con la bici de carretera. Se buscan desplazamientos urbanos puros y simples.
Al margen del formato de pseudo-competición entre ciudades y entre los propios usuarios de cada ciudad, el reto permitirá recopilar información de cada una de las ciudades participantes sobre los hábitos de transporte ciclista de sus usuarios, como la distancia media que se recorre en cada viaje, las horas punta de este tipo de transporte y, sobretodo, los recorridos más habituales de los usuarios. De hecho, de la organización del evento se encarga la CIVITAS Initiative ("City-Vitality-Sustainability", or "Cleaner and Better Transport in Cities"), una iniciativa de la UE cuya misión principal es ayudar a las ciudades a introducir mejoras en sus políticas de transporte para fomentar así una movilidad urbana más sostenible.
Por ello, se supone que la información recopilada será utilizada luego por cada una de las ciudades para mejorar el diseño de su red de transporte en lo que a ciclismo urbano se refiere. 
Aunque poner en marcha endomondo en el móvil cada día y para cada desplazamiento no es algo que me haga demasiada gracia, creo que la iniciativa vale la pena si ayuda a mejorar en algo la circulación en nuestra ciudad, por lo que me he adherido a ella.

Eso sí, hay que espabilar que por ahora nos gana Tallinn :-)

martes, 24 de abril de 2012

La ley del taxista

Esta mañana, al ir a cruzar el semáforo de Passeig de Gràcia, un taxista que giraba hacia el lateral con el semáforo en ámbar (y, por tanto, verde para peatones y ciclistas), ha decidido no pararse para dejarme pasar. El tipo ha pasado despacio, pero con la velocidad suficiente para no darme oportunidad (ni a mi, ni a cualquier otro peatón o ciclista que pretendiera cruzar) de pasar sin ser atropellado por él. Me ha llamado la atención que, encima, se me ha quedado mirando mientras giraba, con lo que era evidente que era muy consciente de su comportamiento.
Dado que el tipo me miraba, le he hecho un gesto dándole a entender que yo estaba ahí y no me había dejado pasar. Pensaba que, como tantas veces, ahí quedaría la cosa, pero el señor taxista ha tenido la delicadeza de contestarme con un gesto de negación desde el interior del coche. Entonces, yo le he señalado el semáforo en verde y, en ese momento, el taxista ha bajado la ventanilla y, antes de continuar su camino, me ha dicho, en un tono perfectamente chulesco, que estaba muy equivocado. Que él a las bicicletas no tiene por qué cederles el paso al girar en un semáforo.
¡Toma ya! Lo que me faltaba por oir. Ahora resulta que las señales de tráfico no aplican en caso de que te encuentres con una bicicleta. Pase que, por inexplicable que sea, los carriles bici estén llenos de señales de ceda el paso ante la posible incorporación o salida de coches hacia/desde garajes. Pero ya es lo último que los profesionales del volante en la ciudad (o, al menos, alguno de ellos) se piensen que sus obligaciones circulatorias desaparecen cuando hay una bicicleta de por medio. Al señor taxista le recomiendo que se lea la normativa de circulación del ayuntamiento de Barcelona y busque bien a ver donde encuentra eso de que "un semáforo ámbar es menos ámbar si están cruzando bicicletas". No tengo ganas de que me atropellen mientras cruzo un semáforo, la verdad.

Es curioso: últimamente este blog está adquiriendo un tono reivindicativo que, siendo sincero, jamás tuve en consideración cuando comencé. De hecho, nunca tuve claro cual iba a ser la dirección que iba a tomar este invento (ni si duraría lo suficiente para llegar a tener alguna) pero, bien pensado, es lógico que en un blog sobre ciclismo urbano las historias del día a día ciclista incluyan episodios de este estilo. Raro sería que, en 7 meses de uso diario, no se hubiera dado ninguna situación similar.
En cualquier caso, no me importará que con el paso del tiempo, se conviertan en meras anécdotas y, en cambio, me preocuparía lo contrario.

lunes, 23 de abril de 2012

ForoBrompton.es


Este fin de semana ha "nacido" Forobrompton.es, un nuevo foro dedicado a los usuarios de Brompton. La iniciativa es muy interesante, ya que, aunque existen diversos sitios de referencia para los usuarios de Brompton de estos lares, no había (o, al menos, yo no lo conocía) ningún foro específico sobre el tema. El conocido hilo "Quien tiene una Brompton y me aclara unas dudas?" de Foromtb.es era (y todavía sigue siendo) la referencia más importante en este tema, aunque sus más de 400 páginas de longitud lo hacen ciertamente difícil de manejar. Este, en cambio, al estar centrado exclusivamente en la Brompton, puede llegar a ser un buen lugar de referencia en el tema conforme las aportaciones y el contenido vayan haciéndolo crecer.
Así pues, felicidades por la idea y buena suerte a los organizadores.

miércoles, 18 de abril de 2012

2000 Kms!

El primer artículo de este blog fué para conmemorar el hecho de haber llegado a los 1.000 kilómetros con la Brompton. Hoy he llegado a los 2.000. Había calculado que en un año llegaría más o menos a los 3.000 kilómetros. Dado que  el año se cumple a mediados de septiembre, parece que estoy en el buen camino para lograrlo. De todas formas, lo importante no es tanto superar o no esa cifra, sino la constatación de que la bici como medio de transporte parece que ha llegado para quedarse.

Pero, a lo que vamos, ¿qué ha ocurrido durante estos 2.000 Kms? ¿Averías, pinchazos, piezas rotas o cambiadas por desgaste? Pues, la verdad es que la historia es bastante aburrida. Salvo el cambio del sillín de serie por el Brooks, podríamos decir que no hay nada destacable.

¿Pinchazos? Ni uno solo en todo este tiempo y solo he tenido que hinchar las ruedas una vez, lo que refuerza mi tesis de un post anterior sobre la idoneidad de las cubiertas de serie Brompton (las de la etiqueta verde con kevlar) en una utilización exclusivamente urbana. Además, las cubiertas se encuentran todavía en perfecto estado y no se observa desgaste excesivo. Me pregunto cuántos kilómetros durarán antes de tener que cambiarlas, pero visto lo que llevo, creo que pueden llegar a los 4.000 sin excesivos problemas.

¿La transmisión? Una de las grandes sorpresas que me he llevado al dejar de ser un ciclista esporádico ha sido enterarme de que la cadena de la bici debe cambiarse cada cierto número de kilómetros debido a que, con el uso, va estirándose y pierde eficiencia a la vez que desgasta los piñones y el plato. En este caso, a los 2.000 Kms la cadena todavía no ha dado señales de estiramiento excesivo (según el medidor aún está lejos del 0.75, que es cuando se recomienda el cambio para que el estiramiento no afecte al resto de la transmisión). Imagino que el hecho de llevar una bici con cambio interno y un único piñón, así como el clima benévolo que hemos tenido estos meses (que ayuda a que se ensucie relativamente poco), contribuye a que dure algo más que en una bici con un cambio tradicional. Quizá dentro de un tiempo me plantee cambiar el aceite con Teflon por un lubricante a base de cera (el famoso Squirt) que están de moda, pero tampoco lo veo como algo excesivamente necesario ya que, salvo en los días de lluvia, la cadena no coge demasiada suciedad.

La pieza que ha sufrido un desgaste más evidente en estos meses y que en unos meses empezará a pedir un cambio es la empuñadura izquierda. Al plegar la bici y arrastrarla es fácil que esta empuñadura toque el suelo y poco a poco va desgastándose y perdiendo algún pequeño trozo de la espuma. No es grave, pero sé positivamente que acabaré cambiando los puños y posiblemente acabe poniendo unos Brooks a juego con el sillín.

Desgastes al margen, el único incidente destacable en estos 7 meses es que he perdido uno de los catadióptricos del pedal plegable. El "incidente" se produjo al tocar el suelo con el pedal cuando subía a una acera por una de esas rampas de acceso que ponen en los bordillos nuevos que era especialmente inclinada. Justo cuando el centro de la bici estaba llegando a la acera, el pedal izquierdo chocó con el suelo y el catadióptrico saltó por los aires debido al golpe. No he cambiado el pedal, pero otra vez me ha vuelto a ocurrir algo parecido y he visto a algún otro usuario de Brompton que también tocaba con el pedal en el suelo al subir una pequeña rampa de estas que hay en los bordillos de las aceras. Diría que los pedales de la Brompton quedan a la misma altura del suelo que en cualquier otra bici, por lo que creo que la sensación de que puedo tocar con el pedal al suelo en este tipo de rampas se debe a la batalla de esta bici, que debe ser mayor que en una bici tradicional (al fin y al cabo, con unas ruedas enanas acaba teniendo más o menos las mismas dimensiones que una bicicleta con ruedas de 26") y que, por ahora, es el único detalle que he encontrado en esta bicicleta con el que tener cuidado respecto a cuando circulo con la MTB.

Respecto al plegado, la bici se plega y desplega 6 veces diarias y en estos 7 meses no se aprecia ni una mínima holgura en parte alguna del mecanismo. Cuando la gente comenta las excelencias del sistema de plegado de esta bici, no es solo cuestión de lo compacta que queda o lo fácil que resulta. La fiabilidad del conjunto es realmente de impresión.

Conclusión: por ahora el mantenimiento necesario es casi nulo y la experiencia continúa siendo magnífica. Ahora, a ver qué nos deparan los próximos 1.000 kilómetros :-)


viernes, 13 de abril de 2012

2 líneas blancas o un carril bici


Pese a que Barcelona aparece a menudo citada como una de las ciudades de referencia en lo que respecta al uso de la bicicleta, no es menos cierto que, en la propia ciudad, el colectivo ciclista no goza de demasiada buena fama. Existe una hostilidad creciente por parte, tanto de los peatones, como de los conductores, hacia nosotros. En general, lo que percibo ante cualquier noticia sobre las bicis en la ciudad es que los ciclistas suponen un problema para el resto de colectivos (sobretodo los peatones) y hay que ponerle remedio.
A buen seguro, una parte de la culpa de estos problemas de convivencia es de los ciclistas. A ver quién se atreve a afirmar rotundamente que jamás ha pasado un semáforo cuando todavía estaba en rojo o ha hecho alguna otra maniobra ilegal. Pero, aunque se habla mucho del poco respeto de los ciclistas por las normas de circulación, no creo que ese sea el problema mayor. Al fin y al cabo, los peatones también cometen infracciones constantemente y no parece importar demasiado siempre que no se consideren peligrosas. El verdadero problema se da en el nuevo reparto del espacio. Hasta ahora, el statu quo establecía que las aceras eran para los peatones y la calzada, para vehículos de motor. Pero las bicis han venido a alterar este reparto sin que quede claro con qué parte del pastel se quedan. En unos sitios el carril bici va por la calzada, en otros por la acera y en otros, al no existir, se circula por donde buenamente se puede. Además, no nos engañemos, los peatones no nos consideran peligrosos, sino molestos. Por mucho que se nos considere un vehículo, no causamos el mismo respeto que un coche. ¿O alguien se imagina a un peatón tranquilamente parado en medio de la calzada admirando un edificio o leyendo un cartel mientras se aproxima un coche? Sin embargo, sí que he visto exactamente ese mismo comportamiento en un carril bici más de una vez y el peatón se ha mantenido ahí sin inmutarse ante la visión del ciclista que se acercaba. Al fin y al cabo, él considera que está en su espacio y ese que viene por ahí, aunque lo haga entre 2 líneas blancas, no deja de ser un intruso, un recién llegado que no tiene derecho a ocupar ese espacio que, mientras no se diga lo contrario, el peatón considera que le pertenece.

Mientras el reparto del espacio no esté claro (igual que lo está ahora el de coches y viandantes) y, sobretodo, se haga en condiciones justas para todos, los ciclistas seguramente seguiremos circulando por donde mejor podamos y seguiremos siendo considerados una molestia por unos y por otros.
Y es que, en mi opinión, el problema de las bicis en Barcelona no es de civismo, de convivencia, o respeto a las normas de circulación. Es de planificación. Hace algunos años, alguien decidió que eso de las bicis era moderno, verde, sostenible, etc... y que poner carriles bici contribuía a reforzar esa imagen de ciudad moderna. Pero, como apenas había bicicletas y seguramente no se preveía semejante evolución de la demanda, no se tuvo ningún cuidado al diseñar la red de carriles bici o una normativa de circulación seria que obligara a unos y a otros de forma clara.
Con la llegada del bicing y el aumento del resto de usuarios, es cuando se han puesto de manifiesto las carencias de la red de carriles bici. Y eso es lo que hay que arreglar. Diseñar un carril bici no debiera consistir sólo en decidir pintar 2 líneas blancas en una acera (o, peor, en la calzada de una gran avenida). Esto no soluciona ningún problema sino que, en realidad, lo crea. ¡Si hasta yo mismo me descubro de vez en cuando caminando de manera inconsciente por uno de estos carriles bici pintados!
El carril bici de la Diagonal es un ejemplo clarísimo. Cada mañana cuando subo desde Passeig de Gràcia y me incorporo a él me acuerdo de la familia del tipo que lo diseñó. Primero, tengo que conseguir cruzar el semáforo e incorporarme al carril bici, lo cual no es en absoluto tarea fácil vista la marea de peatones que cruzan a la vez que yo y que se interponen entre ambos extremos del carril. Pero, una vez incorporado a la Diagonal tengo que lidiar con los pobres peatones que lo invaden consciente, o inconscientemente, en el tramo entre Passeig de Gràcia y Francesc Macià. Algunos me miran con hostilidad por tener que pararse o apartarse para dejarme paso aun cuando estén ocupando claramente el lugar que no deben. Otros me piden disculpas azorados al ver que van por el lugar equivocado. Otras veces soy yo el que, cuando estoy parado en el semáforo junto con 7 u 8 bicis más, estorbo a los peatones que intentan llegar desde la calzada lateral a la central, o debo frenar (como si pudiera ir muy rápido) para permitir que la gente pueda acercarse a la parada del autobús (el carril bici pasa exactamente junto a la marquesina de las paradas) o al kiosko a comprar el diario. Ninguno nos sentimos cómodos con la situación. Pero no es ni culpa suya, ni mía. La culpa es del tipo al que se le ocurrió la brillante idea de poner ahí 2 líneas blancas solo para poder presumir de que había desplegado nosecuantos kilómetros más de carril bici en la ciudad.

Estos últimos días, han aparecido varias noticias en la prensa relativas al incremento de uso de la bicicleta en nuestra ciudad y a la necesidad de una reordenación del mismo. Ayer mismo, leía esta noticia: L'ajuntament de Barcelona podria prohibir la circulació de bicicletes per les voreres

Lo de sacar a los ciclistas de las aceras y que vayan a la calzada está muy bien en la teoría, pero no tanto en la práctica.  Como ciclista, me gustaría circular exclusivamente por la calzada si estuviera garantizada mi seguridad. Pero eso, en Barcelona, es una utopía. En mis desplazamientos busco siempre un recorrido que disponga de carril bici en toda su extensión, pero cuando no es posible encontrarlo no dudo en subir a la acera (por supuesto, con cuidado y tratando de no suponer una molestia para nadie) si la calzada me parece peligrosa. Y es que, ni todas las calles de Barcelona disponen de carril bici (sea o no digno de ese nombre), ni los conductores están en general preparados para tenernos en cuenta como un vehículo más al que respetar como un igual. Así pues, la reordenación de la que habla la noticia espero que tenga en cuenta ciertas dosis de racionalidad y no plantee simplemente alternativas como desplazar obligatoriamente a los ciclistas a la calzada (con o sin carril bici) o crear nuevos carriles bici igual de estrafalarios que gran parte de los que ahora existen.

Esta tarde he pasado excepcionalmente por Passeig de Sant Joan, en el tramo entre Tetuán y Arc de Triomf. Se me saltaban las lágrimas de la emoción al ver esa maravilla. Un carril bici bien pensado, segregado con contundencia (nada de una raya doble o unos pequeños tacos de goma), lejos del área de aparcamiento, (lo que evita tentaciones por parte de muchos conductores que "solo van a parar un momento") y sin peatones que puedan colarse en él por despiste ya que el carril no circula por la acera ni a su lado, sino por el centro de la calzada. Muy del estilo del otro gran carril bici de Barcelona: el de Meridiana, en el tramo del TNC. Si esa es la reestructuración en la que piensa el ayuntamiento, bienvenida sea. Pero, no sé por qué, tengo mis dudas...

martes, 10 de abril de 2012

La lluvia y la Brompton

En los meses que llevo con esta experiencia ciclista, la meteorología ha sido muy benévola. Este invierno ha habido algunos días de bastante frío, sí. Pero apenas ha llovido. Eso está bien, porque contribuye a que adquieras el hábito de salir a diario con la bici sin demasiado esfuerzo. Pero sabes que un día u otro acabará por llover y yo todavía no había podido hacerme una conclusión definitiva sobre el comportamiento de la Brompton en estas condiciones, ni sobre cómo iba a afectar la lluvia a la bici como mi medio de transporte diario.
Hasta estas últimas semanas, claro. Finalmente las lluvias han llegado y me han permitido comprobar (y aprender) varias cosas:
La primera y más importante: la lluvia no constituye un impedimento para ir en bici. Por supuesto, hablamos de condiciones asumibles. No se trata de pretender circular bajo el diluvio universal ni de ponerse innecesariamente en peligro. Pero la verdad es que no hay demasiado problema en circular con algo de lluvia o el suelo mojado si llevas la ropa adecuada..

Por otra parte, la versatilidad de la Brompton nuevamente se pone de manifiesto en estas circunstancias: Salir con la bici y, si la cosa se pone fea, tener la tranquilidad de que puedes plegarla y coger el metro es toda una garantía. Seguramente, de no haber tenido una plegable, estos últimos días la bici se hubiera quedado en casa la mayor parte del tiempo. Sin embargo, durante este último "temporal" no he fallado ni un solo día a mi cita con las 2 ruedas.
Otra de las ventajas de una plegable en estas circunstancias es el hecho de que no dejas la bici en la calle y no queda a la intemperie sometida a los efectos de la lluvia. Gracias a eso cuando debes volver a cogerla está en mucho mejores condiciones.
Mejores, que no ideales. Porque lo que es indudable es que, con la lluvia la bici se ensucia infinitamente más que con clima seco. Si en condiciones normales puedo estar semanas sin limpiar ni engrasar la bicicleta, después de estos días de lluvia, solo por el hecho de circular por el piso húmedo y pasar sobre algún charco, es imprescindible limpiar la bici a fondo y volver a engrasarla. En dos días saliendo con agua he notado la desaparición total de la lubricación en la transmisión. Así que, queda claro que en época de lluvia hay que hacer mantenimiento con mucha mayor frecuencia.

También hay que tener cierto cuidado al plegarla. Sobretodo con las partes que quedan escondidas, como la tija del sillín. Después de circular con lluvia o suelo mojada seguramente tendrá algunas gotas de agua que es preferible secar antes de plegarla para evitar posibles manchas de óxido, sobretodo si crees que la bicicleta puede llegar a pasarse algunos días sin usar después del episodio de lluvia.
El sillín, en mi caso un Brooks, también puede verse afectado por el agua. Pero la funda impermeable que compré por 6 euros ha cumplido su cometido a la perfección y el Brooks sigue en perfectas condiciones. 

Otra de las cuestiones que ha sido resuelta estos días es una de esas dudas que se nos plantea a casi todos los usuarios de Brompton a la hora de comprarla: ¿Dejo las cubiertas de serie o pongo unas Marathon? Yo llevo las de serie (las de la etiqueta verde) y en seco creo que cumplen perfectamente (al menos, en recorrido exclusivamente urbano). Tienen agarre suficiente y, por ahora, no he tenido ningún pinchazo. Mi duda era qué tal se comportarían en condiciones de menor adherencia. El primer día que salí lloviendo no tenía claro si tendrían agarre suficiente y he de reconocer que me lo tomé con cierto respeto. Pero ahora ya sé que en lluvia y con suelo mojado también se comportan con total dignidad. Seguramente, en un clima más inhóspito que el de Barcelona valga la pena poner unas Marathon, pero aquí y para un uso urbano, las cubiertas de serie (las verdes) cumplen perfectamente.


lunes, 19 de marzo de 2012

De Peatones y ciclistas

Esta semana pasada, de vuelta a casa, he sido partícipe de dos experiencias bien peculiares entre peatones y ciclistas:

En la primera, un ciclista que circulaba unos metros por delante de mí, se saltó un semáforo en rojo en el cruce de Dr Ferran con la Diagonal, justo antes de la parada de metro de María Cristina. Por el semáforo no pasaba ningún coche, y es muy habitual que, ni peatones, ni ciclistas, esperen a que este se ponga verde, ya que el ciclo de espera es bastante largo y, debido a las peculiaridades de ese cruce, gran parte del tiempo en rojo apenas pasan vehículos. Hasta aquí, nada inusual. La anécdota se produjo cuando, al cruzar el ciclista la calle, un señor de unos 60 años con un aire de lo más respetable se puso a increpar al ciclista al grito de "T'has saltat el semàfor en vermell!" (debo reconocer que yo pensé en saltármelo, pero justo al llegar se puso en verde) acompañado de unos aspavientos bastante acusadores.  Lo bueno del caso es que el hombre ni siquiera estaba esperando en el semáforo. Simplemente iba caminando por la calle y vió venir al ciclista que, por supuesto, ni le molestó, ni le obstaculizó. Pero parece que la actitud incívica del ciclista le sacó de sus casillas y no pudo evitar ponerse a dar gritos para aleccionar al infractor. No disculpo al ciclista. Se ha saltado el semáforo y estaba en rojo, aunque fuera un semáforo de peatones. Pero me gustaría saber cuántas veces ese señor ha gritado a un peatón que se saltaba un semáforo.

En la segunda,  el viernes por la tarde, al parar en el semáforo que hay en Glòries al inicio del tramo de la Diagonal que va hacia el Fòrum (otro semáforo peatonal que respeta bien poca gente, vayan a pié o en bici) y mientras un buen grupo de peatones se saltaba impunemente el semáforo una vez estaba claro que no se aproximaban ni coches, ni tranvías, una voz a mi lado me comentó: "Esas personas lo están haciendo muy mal. No hay que cruzar en rojo. Puede pasar un tranvía y matarte." Me giré sorprendido y, junto a mí, vi a un niño de no más de 7 u 8 años con su bicicleta parado disciplinadamente en el semáforo (éramos los 2 únicos que permanecíamos esperando a que el semáforo pasara al verde) y que me miraba muy serio mientras repetía de nuevo sus palabras. Sin gritos, sin aspavientos. Solo conversaba conmigo. No reprochaba a nadie su actitud. Simplemente, me explicaba, en un tono de lo más didáctico, lo que estaban haciendo mal y cuales podían ser las consecuencias. Le di la razón, sonriente. Esperamos a la luz verde, y seguimos cada uno nuestro camino. Él se paró en el siguiente semáforo y yo, mientras tanto, pensaba divertido en el señor de María Cristina.


lunes, 12 de marzo de 2012

Los ciclistas de París podrán saltarse algunos semáforos


El otro día encontré esta noticia referente a una iniciativa del ayuntamiento de París: A Paris, les vélos grillent le feu pour "tourner à droite"

Básicamente, lo que comenta es que el ayuntamiento de París lanza un proyecto piloto para habilitar una serie de cruces en los que los ciclistas podrán "saltarse" el semáforo en rojo para girar a la derecha. Por ahora, el sistema se pondrá en 15 cruces en los que se utilizará una señalización nueva para indicar que en ese lugar las bicicletas pueden girar a la derecha en rojo.
En realidad, el sistema no es nuevo. Por lo que parece, en algunas otras ciudades francesas (Estrasburgo o Nantes) ya se está probando este sistema sin problemas aparentes. Y, al fin y al cabo, en Estados Unidos el "giro a la derecha en rojo" es habitual en la mayor parte de semáforos. Y no está pensado para las bicicletas, sino para todos los vehículos.

Lo que realmente me llama la atención es el diferente enfoque del problema de la integración de las bicicletas en la ciudad que tienen en el resto de europa respecto de nuestro país. Hasta la fecha, cualquier medida que pueda favorecer la circulación de las bicicletas encaminada a evitar accidentes y facilitar la circulación de todos ha sido completamente obviada. Al menos, en la ciudad de Barcelona. Permitir a los ciclistas parar unos metros más adelante en los semáforos del Eixample, este mismo método del giro en rojo u otras medidas similares no parece que se tomen demasiado en serio en esta ciudad. Ni siquiera a modo de prueba como iniciativa piloto.

Espero que la iniciativa de París tenga éxito y se consolide como una medida definitiva en las ciudades francesas. Y a ver si, de rebote, consigue que aquí se empiece a ver las cosas de otra forma...



viernes, 2 de marzo de 2012

El Mobile World Congress nos hace más sostenibles


Aunque el motivo para comprar la Brompton fué la necesidad de llevarla en transporte público, una vez que me convertí en usuario convencido (y eliminadas las dudas de si esto de ir en bicicleta se convertiría en un hábito y no quedaba en un capricho pasajero) en varias ocasiones he tenido la tentación de abandonar completamente los viajes en metro y hacer todos mis desplazamientos en bicicleta. O, al menos, probarlo.

Hasta esta semana no me había atrevido. Pero el lunes ocurrió algo inesperado: al ir a subir al metro en la Línea 3 me encontré con que el tren iba abarrotado y era prácticamente imposible subir a él. Mucho menos llevando además un bulto como la Brompton. La culpa la tenía el Mobile World Congress. O, más bien, los asistentes al mismo. Una avalancha de usuarios que, al menos en hora punta, han saturado las líneas de metro que llegan al recinto del congreso muy por encima de sus niveles de ocupación habituales.
Visto el panorama, y que esperar a que llegara otro tren no iba a mejorar gran cosa mis perspectivas de viajar en metro con un mínimo de dignidad, decidí salir a la calle y terminar el trayecto en bici. Unos 6Kms entre Paral·lel y Zona Universitària. En este caso, además, todo el trayecto era en ligera subida.
Para mi sorpresa, el resultado fué fantástico. Tardé lo mismo que si hubiera hecho todo el trayecto en metro, la subida no se me hizo en ningún caso pesada y no llegué al trabajo sudando, que era el mayor de mis temores.

Así pues, decidí que este método lo usaría durante el resto de la semana para evitar las aglomeraciones del metro. Pero, la experiencia ha sido tan buena que, una vez finalizado el MWC, he decidido seguir con él. De hecho, ya no veo tan lejana la posibilidad de hacer completamente en bicicleta el trayecto de ida y, por tanto, limitar el uso del metro a ocasiones excepcionales. Es más, creo que lo probaré en breve.

Lo bueno de esto es que se da la paradoja de que, en cierto modo, sin la necesidad de mezclarla con el transporte público, la Brompton pierde una parte importante de la justificación para su compra (me hubiera servido mi vieja MTB). Sin embargo, sé positivamente que no es así. Primero, porque sin la Brompton (sin una bici plegable) no me hubiera atrevido a convertirme en ciclista urbano. Y, segundo, porque con el paso de los meses la Brompton se ha mostrado como una bicicleta extremadamente versátil. Un vehículo urbano poco menos que imbatible. Puedes llevarla a (casi) cualquier sitio sin temor a que te la roben, te permite flexibilizar tus recorridos y combinar otros transportes en caso necesario, la postura de conducción es infinitamente más cómoda que en una MTB, y el sistema de carga está casi mejor pensado que el mecanismo de plegado. Por todo ello, no me veo cambiando la Brompton por ninguna otra bicicleta aunque el plegado deje de ser el argumento de más peso para su elección.




lunes, 13 de febrero de 2012

Lo que te pierdes yendo en metro

El otro día hice esta foto en el camino a casa. La verdad es que yendo en coche creo que no había pasado nunca por la puerta de la torre Agbar y, desde luego, en metro todavía menos. Esta vez incluso pude detenerme a hacer una foto. Otra ventaja más de ir en bici.

viernes, 10 de febrero de 2012

Limpieza de la cadena

Otra de las sorpresas que me he llevado en mi transición de ciclista esporádico a usuario habitual ha sido enterarme de que la cadena de la bici tiene una duración limitada y hay que cambiarla cada cierto tiempo/kilómetros. De hecho, esto no solo aplica a la cadena, sino al resto de la transmisión (piñones, platos y, en menor medida, el pedalier). En mis otras bicicletas jamás había pensado que tuviera que cambiar estas piezas debido al uso. Pero parece ser que es lo normal. A fuerza de kilómetros, el desgaste que supone el rozamiento continuo nos obliga a cambiar estos componentes.
Una de las claves para alargar la vida de la cadena está en el mantenimiento. Es importante limpiarla con cierta frecuencia y que esté bien lubricada. A mayor suciedad, mayor desgaste de todo el conjunto. Y, por tanto, con más rapidez deberemos cambiarla.


Además, en una bicicleta plegable que la cadena esté limpia es, si cabe, más importante que en otras. Aunque en la Brompton la cadena queda en el interior del paquete que se forma al plegar la bici y es difícil mancharse, siempre es posible que ocurra por el mero hecho de cargar con ella, entrar al metro, dejarla debajo de la mesa en el trabajo... Así pues, mejor mantenerla en condiciones.
Para ello he comprado el producto que se ve en la foto. Aunque he visto que existen de muchas marcas, este lo venden en el Decathlon y cuesta algo menos de 15€. Lleva un bote de desengrasante y realmente deja la cadena muy limpia sin necesidad de desmontarla. El invento es, en realidad, muy simple: la pieza de plástico actúa a modo de contenedor del desengrasante y tiene una guía por la que pasa la cadena y unos cepillos giratorios que recogen el desengrasante del propio depósito y lo aplican al paso de la cadena.  Basta con "morder" la cadena con esta pieza de plástico, encajándola en la guía, echar algo de desengrasante y mover los pedales hacia detrás para forzar el movimiento de la cadena. No hay más misterio. Pero la verdad es que funciona muy bien. Eso sí, mejor poner algo en el suelo debajo de la bicicleta, porque el líquido que pueda derramarse (desengrasante mezclado con la suciedad de la cadena) mancha!
Una vez que se acabe el bote de desengrasante que viene con el producto, aunque en el propio Decathlon venden recambios, la verdad es que no es necesario comprarlo. Se puede llenar directamente el depósito con KH7 o cualquier otro producto similar que tengamos en casa y, a buen seguro, el resultado será el mismo.
Después, se seca la cadena con un trapo y luego aplicamos el lubricante que más nos guste. En mi caso, utilizo aceite con Teflon que, para recorridos urbanos y en un clima sin demasiada lluvia como es el caso, tiene un gran rendimiento.