martes, 10 de abril de 2012

La lluvia y la Brompton

En los meses que llevo con esta experiencia ciclista, la meteorología ha sido muy benévola. Este invierno ha habido algunos días de bastante frío, sí. Pero apenas ha llovido. Eso está bien, porque contribuye a que adquieras el hábito de salir a diario con la bici sin demasiado esfuerzo. Pero sabes que un día u otro acabará por llover y yo todavía no había podido hacerme una conclusión definitiva sobre el comportamiento de la Brompton en estas condiciones, ni sobre cómo iba a afectar la lluvia a la bici como mi medio de transporte diario.
Hasta estas últimas semanas, claro. Finalmente las lluvias han llegado y me han permitido comprobar (y aprender) varias cosas:
La primera y más importante: la lluvia no constituye un impedimento para ir en bici. Por supuesto, hablamos de condiciones asumibles. No se trata de pretender circular bajo el diluvio universal ni de ponerse innecesariamente en peligro. Pero la verdad es que no hay demasiado problema en circular con algo de lluvia o el suelo mojado si llevas la ropa adecuada..

Por otra parte, la versatilidad de la Brompton nuevamente se pone de manifiesto en estas circunstancias: Salir con la bici y, si la cosa se pone fea, tener la tranquilidad de que puedes plegarla y coger el metro es toda una garantía. Seguramente, de no haber tenido una plegable, estos últimos días la bici se hubiera quedado en casa la mayor parte del tiempo. Sin embargo, durante este último "temporal" no he fallado ni un solo día a mi cita con las 2 ruedas.
Otra de las ventajas de una plegable en estas circunstancias es el hecho de que no dejas la bici en la calle y no queda a la intemperie sometida a los efectos de la lluvia. Gracias a eso cuando debes volver a cogerla está en mucho mejores condiciones.
Mejores, que no ideales. Porque lo que es indudable es que, con la lluvia la bici se ensucia infinitamente más que con clima seco. Si en condiciones normales puedo estar semanas sin limpiar ni engrasar la bicicleta, después de estos días de lluvia, solo por el hecho de circular por el piso húmedo y pasar sobre algún charco, es imprescindible limpiar la bici a fondo y volver a engrasarla. En dos días saliendo con agua he notado la desaparición total de la lubricación en la transmisión. Así que, queda claro que en época de lluvia hay que hacer mantenimiento con mucha mayor frecuencia.

También hay que tener cierto cuidado al plegarla. Sobretodo con las partes que quedan escondidas, como la tija del sillín. Después de circular con lluvia o suelo mojada seguramente tendrá algunas gotas de agua que es preferible secar antes de plegarla para evitar posibles manchas de óxido, sobretodo si crees que la bicicleta puede llegar a pasarse algunos días sin usar después del episodio de lluvia.
El sillín, en mi caso un Brooks, también puede verse afectado por el agua. Pero la funda impermeable que compré por 6 euros ha cumplido su cometido a la perfección y el Brooks sigue en perfectas condiciones. 

Otra de las cuestiones que ha sido resuelta estos días es una de esas dudas que se nos plantea a casi todos los usuarios de Brompton a la hora de comprarla: ¿Dejo las cubiertas de serie o pongo unas Marathon? Yo llevo las de serie (las de la etiqueta verde) y en seco creo que cumplen perfectamente (al menos, en recorrido exclusivamente urbano). Tienen agarre suficiente y, por ahora, no he tenido ningún pinchazo. Mi duda era qué tal se comportarían en condiciones de menor adherencia. El primer día que salí lloviendo no tenía claro si tendrían agarre suficiente y he de reconocer que me lo tomé con cierto respeto. Pero ahora ya sé que en lluvia y con suelo mojado también se comportan con total dignidad. Seguramente, en un clima más inhóspito que el de Barcelona valga la pena poner unas Marathon, pero aquí y para un uso urbano, las cubiertas de serie (las verdes) cumplen perfectamente.


lunes, 19 de marzo de 2012

De Peatones y ciclistas

Esta semana pasada, de vuelta a casa, he sido partícipe de dos experiencias bien peculiares entre peatones y ciclistas:

En la primera, un ciclista que circulaba unos metros por delante de mí, se saltó un semáforo en rojo en el cruce de Dr Ferran con la Diagonal, justo antes de la parada de metro de María Cristina. Por el semáforo no pasaba ningún coche, y es muy habitual que, ni peatones, ni ciclistas, esperen a que este se ponga verde, ya que el ciclo de espera es bastante largo y, debido a las peculiaridades de ese cruce, gran parte del tiempo en rojo apenas pasan vehículos. Hasta aquí, nada inusual. La anécdota se produjo cuando, al cruzar el ciclista la calle, un señor de unos 60 años con un aire de lo más respetable se puso a increpar al ciclista al grito de "T'has saltat el semàfor en vermell!" (debo reconocer que yo pensé en saltármelo, pero justo al llegar se puso en verde) acompañado de unos aspavientos bastante acusadores.  Lo bueno del caso es que el hombre ni siquiera estaba esperando en el semáforo. Simplemente iba caminando por la calle y vió venir al ciclista que, por supuesto, ni le molestó, ni le obstaculizó. Pero parece que la actitud incívica del ciclista le sacó de sus casillas y no pudo evitar ponerse a dar gritos para aleccionar al infractor. No disculpo al ciclista. Se ha saltado el semáforo y estaba en rojo, aunque fuera un semáforo de peatones. Pero me gustaría saber cuántas veces ese señor ha gritado a un peatón que se saltaba un semáforo.

En la segunda,  el viernes por la tarde, al parar en el semáforo que hay en Glòries al inicio del tramo de la Diagonal que va hacia el Fòrum (otro semáforo peatonal que respeta bien poca gente, vayan a pié o en bici) y mientras un buen grupo de peatones se saltaba impunemente el semáforo una vez estaba claro que no se aproximaban ni coches, ni tranvías, una voz a mi lado me comentó: "Esas personas lo están haciendo muy mal. No hay que cruzar en rojo. Puede pasar un tranvía y matarte." Me giré sorprendido y, junto a mí, vi a un niño de no más de 7 u 8 años con su bicicleta parado disciplinadamente en el semáforo (éramos los 2 únicos que permanecíamos esperando a que el semáforo pasara al verde) y que me miraba muy serio mientras repetía de nuevo sus palabras. Sin gritos, sin aspavientos. Solo conversaba conmigo. No reprochaba a nadie su actitud. Simplemente, me explicaba, en un tono de lo más didáctico, lo que estaban haciendo mal y cuales podían ser las consecuencias. Le di la razón, sonriente. Esperamos a la luz verde, y seguimos cada uno nuestro camino. Él se paró en el siguiente semáforo y yo, mientras tanto, pensaba divertido en el señor de María Cristina.


lunes, 12 de marzo de 2012

Los ciclistas de París podrán saltarse algunos semáforos


El otro día encontré esta noticia referente a una iniciativa del ayuntamiento de París: A Paris, les vélos grillent le feu pour "tourner à droite"

Básicamente, lo que comenta es que el ayuntamiento de París lanza un proyecto piloto para habilitar una serie de cruces en los que los ciclistas podrán "saltarse" el semáforo en rojo para girar a la derecha. Por ahora, el sistema se pondrá en 15 cruces en los que se utilizará una señalización nueva para indicar que en ese lugar las bicicletas pueden girar a la derecha en rojo.
En realidad, el sistema no es nuevo. Por lo que parece, en algunas otras ciudades francesas (Estrasburgo o Nantes) ya se está probando este sistema sin problemas aparentes. Y, al fin y al cabo, en Estados Unidos el "giro a la derecha en rojo" es habitual en la mayor parte de semáforos. Y no está pensado para las bicicletas, sino para todos los vehículos.

Lo que realmente me llama la atención es el diferente enfoque del problema de la integración de las bicicletas en la ciudad que tienen en el resto de europa respecto de nuestro país. Hasta la fecha, cualquier medida que pueda favorecer la circulación de las bicicletas encaminada a evitar accidentes y facilitar la circulación de todos ha sido completamente obviada. Al menos, en la ciudad de Barcelona. Permitir a los ciclistas parar unos metros más adelante en los semáforos del Eixample, este mismo método del giro en rojo u otras medidas similares no parece que se tomen demasiado en serio en esta ciudad. Ni siquiera a modo de prueba como iniciativa piloto.

Espero que la iniciativa de París tenga éxito y se consolide como una medida definitiva en las ciudades francesas. Y a ver si, de rebote, consigue que aquí se empiece a ver las cosas de otra forma...



viernes, 2 de marzo de 2012

El Mobile World Congress nos hace más sostenibles


Aunque el motivo para comprar la Brompton fué la necesidad de llevarla en transporte público, una vez que me convertí en usuario convencido (y eliminadas las dudas de si esto de ir en bicicleta se convertiría en un hábito y no quedaba en un capricho pasajero) en varias ocasiones he tenido la tentación de abandonar completamente los viajes en metro y hacer todos mis desplazamientos en bicicleta. O, al menos, probarlo.

Hasta esta semana no me había atrevido. Pero el lunes ocurrió algo inesperado: al ir a subir al metro en la Línea 3 me encontré con que el tren iba abarrotado y era prácticamente imposible subir a él. Mucho menos llevando además un bulto como la Brompton. La culpa la tenía el Mobile World Congress. O, más bien, los asistentes al mismo. Una avalancha de usuarios que, al menos en hora punta, han saturado las líneas de metro que llegan al recinto del congreso muy por encima de sus niveles de ocupación habituales.
Visto el panorama, y que esperar a que llegara otro tren no iba a mejorar gran cosa mis perspectivas de viajar en metro con un mínimo de dignidad, decidí salir a la calle y terminar el trayecto en bici. Unos 6Kms entre Paral·lel y Zona Universitària. En este caso, además, todo el trayecto era en ligera subida.
Para mi sorpresa, el resultado fué fantástico. Tardé lo mismo que si hubiera hecho todo el trayecto en metro, la subida no se me hizo en ningún caso pesada y no llegué al trabajo sudando, que era el mayor de mis temores.

Así pues, decidí que este método lo usaría durante el resto de la semana para evitar las aglomeraciones del metro. Pero, la experiencia ha sido tan buena que, una vez finalizado el MWC, he decidido seguir con él. De hecho, ya no veo tan lejana la posibilidad de hacer completamente en bicicleta el trayecto de ida y, por tanto, limitar el uso del metro a ocasiones excepcionales. Es más, creo que lo probaré en breve.

Lo bueno de esto es que se da la paradoja de que, en cierto modo, sin la necesidad de mezclarla con el transporte público, la Brompton pierde una parte importante de la justificación para su compra (me hubiera servido mi vieja MTB). Sin embargo, sé positivamente que no es así. Primero, porque sin la Brompton (sin una bici plegable) no me hubiera atrevido a convertirme en ciclista urbano. Y, segundo, porque con el paso de los meses la Brompton se ha mostrado como una bicicleta extremadamente versátil. Un vehículo urbano poco menos que imbatible. Puedes llevarla a (casi) cualquier sitio sin temor a que te la roben, te permite flexibilizar tus recorridos y combinar otros transportes en caso necesario, la postura de conducción es infinitamente más cómoda que en una MTB, y el sistema de carga está casi mejor pensado que el mecanismo de plegado. Por todo ello, no me veo cambiando la Brompton por ninguna otra bicicleta aunque el plegado deje de ser el argumento de más peso para su elección.




lunes, 13 de febrero de 2012

Lo que te pierdes yendo en metro

El otro día hice esta foto en el camino a casa. La verdad es que yendo en coche creo que no había pasado nunca por la puerta de la torre Agbar y, desde luego, en metro todavía menos. Esta vez incluso pude detenerme a hacer una foto. Otra ventaja más de ir en bici.

viernes, 10 de febrero de 2012

Limpieza de la cadena

Otra de las sorpresas que me he llevado en mi transición de ciclista esporádico a usuario habitual ha sido enterarme de que la cadena de la bici tiene una duración limitada y hay que cambiarla cada cierto tiempo/kilómetros. De hecho, esto no solo aplica a la cadena, sino al resto de la transmisión (piñones, platos y, en menor medida, el pedalier). En mis otras bicicletas jamás había pensado que tuviera que cambiar estas piezas debido al uso. Pero parece ser que es lo normal. A fuerza de kilómetros, el desgaste que supone el rozamiento continuo nos obliga a cambiar estos componentes.
Una de las claves para alargar la vida de la cadena está en el mantenimiento. Es importante limpiarla con cierta frecuencia y que esté bien lubricada. A mayor suciedad, mayor desgaste de todo el conjunto. Y, por tanto, con más rapidez deberemos cambiarla.


Además, en una bicicleta plegable que la cadena esté limpia es, si cabe, más importante que en otras. Aunque en la Brompton la cadena queda en el interior del paquete que se forma al plegar la bici y es difícil mancharse, siempre es posible que ocurra por el mero hecho de cargar con ella, entrar al metro, dejarla debajo de la mesa en el trabajo... Así pues, mejor mantenerla en condiciones.
Para ello he comprado el producto que se ve en la foto. Aunque he visto que existen de muchas marcas, este lo venden en el Decathlon y cuesta algo menos de 15€. Lleva un bote de desengrasante y realmente deja la cadena muy limpia sin necesidad de desmontarla. El invento es, en realidad, muy simple: la pieza de plástico actúa a modo de contenedor del desengrasante y tiene una guía por la que pasa la cadena y unos cepillos giratorios que recogen el desengrasante del propio depósito y lo aplican al paso de la cadena.  Basta con "morder" la cadena con esta pieza de plástico, encajándola en la guía, echar algo de desengrasante y mover los pedales hacia detrás para forzar el movimiento de la cadena. No hay más misterio. Pero la verdad es que funciona muy bien. Eso sí, mejor poner algo en el suelo debajo de la bicicleta, porque el líquido que pueda derramarse (desengrasante mezclado con la suciedad de la cadena) mancha!
Una vez que se acabe el bote de desengrasante que viene con el producto, aunque en el propio Decathlon venden recambios, la verdad es que no es necesario comprarlo. Se puede llenar directamente el depósito con KH7 o cualquier otro producto similar que tengamos en casa y, a buen seguro, el resultado será el mismo.
Después, se seca la cadena con un trapo y luego aplicamos el lubricante que más nos guste. En mi caso, utilizo aceite con Teflon que, para recorridos urbanos y en un clima sin demasiada lluvia como es el caso, tiene un gran rendimiento.



jueves, 2 de febrero de 2012

Los cuidados del sillín Brooks

Como comentaba en la entrada anterior, una de las curiosidades de los sillines Brooks es que, al ser de piel, requieren de unos cuidados específicos para mantenerlos en óptimas condiciones.
En general, existe bastante consenso respecto a la recomendación de usar para ello el producto que ofrece la propia Brooks: una crema llamada Proofide que mantiene hidratada la piel del sillín a la vez que la dota de cierto grado de impermeabilización.
Brooks Maintenance Kit
Seguramente existen otros productos similares al Proofide. Sobretodo asociados a disciplinas en las que haya elementos de piel de este estilo, como puede ser la hípica con las sillas de montar. Pero la bici parece una disciplina más universal (y barata) que la hípica y el Proofide tiene 3 ventajas: es el producto recomendado por la marca (con lo que es el producto de referencia en el ámbito ciclista), se puede encontrar con facilidad en cualquier tienda que venda estos sillines o por internet (en la misma Amazon) y no es un producto caro (se supone que una lata dura años). Por lo que tampoco vale la pena ponerse a buscar mucho más para ahorrar 3 o 4 euros en varios años.


Cuando me regalaron el sillín, mi primera preocupación fue decidir qué había que hacer con él antes de ponerlo en la bici. Sobre este tema ya no existe unanimidad y cada uno tiene su receta basada en la experiencia. La propia Brooks tampoco recomienda estrictamente nada especial más allá de usar Proofide con relativa frecuencia:

"Proofide should be used several times during the ‘breaking-in’ period and every 3-6 months thereafter. On bicycles not fitted with mudguards, an initial application to the underside of the saddle will be beneficial, this needs not to be polished off."

Me fastidia tanta ambigüedad. Si son sus sillines y llevan fabricándolos ciento y pico de años, debieran poder explicar exactamente cómo y con qué frecuencia hay que efectuar su mantenimiento y el proceso de puesta a punto, si se requiere uno. Así pues, me fui a pedir consejo a la gente de Cap Problema (la tienda donde compré la Brompton. Verdadero templo de Brompton en BCN y un lugar donde el trato al cliente es sencillamente exquisito). Ellos me comentaron que, durante todos estos años, lo que mejor les había ido era lo siguiente:
 
"Antes de instalar el sillín en la bici, ¡sumérgelo! en agua tibia durante unos minutos. Sabrás cuando sacarlo porque, conforme el agua vaya penetrando la piel, el sillín irá adquiriendo un tono más oscuro. Cuando toda la superficie se haya oscurecido de manera uniforme (5 o 10 min) sacas el sillín del agua, lo secas con un paño, lo pones en la bici y te das un paseo de media o una hora. Al día siguiente ya puedes usar la bici con normalidad. Y al cabo de 2 o 3 días, cuando se haya secado por completo (yo esperé 5 días por pura paranoia) le aplicas Proofide tanto por la parte superior como por la inferior tal y como dice Brooks. Lo haces un par o tres de veces durante el primer mes y luego vuelves a aplicar el tratamiento a la parte superior cada 6 meses más o menos."

Aunque había leído esta misma recomendación hecha por uno de los foreros de foromtb, el consejo de la gente de Cap Problema fué definitivo para validar mi confianza en él. Así que seguí estas indicaciones y el sillín va de maravilla. Supongo que el hecho de haberlo mojado antes de la puesta inicial ayuda a que coja forma más rápidamente y es la causa de que pese a ser yo un peso ligero y llevar menos de 300Kms con él, ya lo sienta bastante cómodo.